Gracias, BlacKkKlansman, por llamar “pato” al pato

Yo estaba cursando segundo de Comunicación Audiovisual cuando me tocó estudiar El Nacimiento de una Nación (1915), de D. W. Griffith. Esta cinta se considera una de las más importantes de la historia del cine por haber introducido las bases del lenguaje cinematográfico moderno y especialmente por haber inventado (en términos históricos) el montaje paralelo; dos escenas que transcurren al mismo tiempo en espacios separados, ilustradas mediante un montaje que va cambiando de un lado a otro en tiempo real. Ahora, esta técnica es un mínimo que damos por sentado; entonces, era algo tan rompedor como lo fue la introducción de la perspectiva en el Renacimiento italiano. Desde el punto de vista de la técnica, El Nacimiento de la Nación es un hito indiscutible.

También es una historia en la que el heroico Ku Klux Klan persigue a los malvados negratas de la Unión, que han venido a violar a sus mujeres.

¡Hmmmm!

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Infinity War y el inesperado discurso del sacrificio inmoral

NOTA OBVIA: Aquí hay obvios spoilers. Obviamente. No leáis este artículo si no habéis visto la película. Habéis quedado avisados.

La muerte más predecible de Infinity War ha resultado ser la que más me ha torcido el culo. Esperaba muchas cosas del final de Visión, pero no que lo usaran para construir el discurso menos predecible que podría tener una película que versa sobre la moralidad de un sacrificio:

Que el sacrificio, y concretamente la idea del sacrificio “necesario”, es algo fundamentalmente inmoral.

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Tan sólo cinco 5 lecturas interesantes para aspirantes a autores de ficción

Pues sí, el título habla por sí mismo: os quiero hablar de cinco libros cojonudos escritos por cinco personas cojonudas que os serán de gran utilidad a la hora de crear novelas, series, películas, videojuegos, obras de teatro o cualquier cosa que tenga que ver con el arte de la ficción.

Esto no es una lista, aunque (como veréis más adelante) sí establece cierta jerarquía. Tampoco constituye una declaración definitiva de Esto Es Lo Bueno Y Lo Demás Apesta, porque tal cosa no ayudó, ayuda ni ayudará jamás a nadie. Sólo son sugerencias; sólo cinco (en realidad seis) libros que me han ayudado, estimulado y potenciado como persona aficionada a estas cosas. Incluyo enlaces para comprarlos: recomiendo encarecidamente leerlos en el idioma original si os es posible, más que nada porque es el único idioma que leí yo e ignoro si las traducciones están a la altura.

Sin más dilación, pasamos al primero.

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Juego de Tronos y la naturaleza limitada del poder

NOTA: Aquí se desvelan detalles de la serie hasta el final de la séptima temporada.

Mi escena favorita de Juego de Tronos es una que comparten Cersei Lannister y Meñique en la segunda temporada de la serie. Si estás leyendo esto lo más probable es que ya la hayas visto, pero yo por si acaso me permito resumirla: Cersei y Meñique hablan de intrigas para luego hablar de sí mismos, ella le mete una puya personal, él contraataca dando a entender que está al corriente de que juega al pilla pilla con su hermano y luego añade, satisfecho:

—El conocimiento es poder.

Cersei responde ordenando a sus guardias que lo maten ahí mismo sólo para cambiar de idea en el último segundo y, cuando un Meñique con los huevos por corbata le dirige una mirada asesina, ella replica:

—El poder es el poder.

Diría que ése fue el momento en el que me di cuenta de qué clase de contenido temático estaba manejando la serie, pero sería mentira: mi yo de entonces no repararía en estas cosas hasta unos años más tarde, pero el caso es que este intercambio tan sencillo me llamó la atención de una manera primitiva e inarticulada. Ahí había algo, pero aún no sabía expresar el qué. No es para menos, porque este momento constituía un microcosmos de la clase de argumento que Juego de Tronos trataba (y aún trata) de articular respecto a su tema principal: la naturaleza limitada del poder.

Veamos si he aprendido algo desde entonces.

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La otra raza monstruosa de la que nadie habla en Canción de Hielo y Fuego

NOTA: En este artículo NO hay spoilers ni de la serie ni del libro. Sí, parece que hemos llegado a un punto en el que hay que aclarar esto.

Seguro que conocéis a los Otros, AKA Caminantes Blancos, ¿verdad? Hace años, estas criaturas eran una presencia apenas intuida sobre la que se especulaba mucho. Ahora, gracias a la serie de televisión, tenemos una idea bastante más clara de lo que son, de su procedencia y de sus habilidades. En cualquier caso, siempre se han basado en la misma idea: son lo más parecido que hay en ese mundo a un alienígena, no son tus amigos y vienen a por ti.

Pero resulta que no se trata de la única raza mitológica de monstruos que existe en Canción de Hielo y Fuego, y para darse cuenta de eso no hace falta más que seguir el rastro de la piedra negra.

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La importante manera en la que Overwatch te hace sentir importante

Hablemos de una cosa rara. Hablemos de que hay una responsabilidad implícita en el hecho de hacer que otra persona sienta especial. Me apetece hacerlo porque es normal que no se hable mucho del tema; total, qué podría tener de malo hacer que otro se sienta bien. Hacer que se sienta único y poderoso en su diferencia. ¿Para qué hablar de algo tan obviamente positivo?

¿Por qué plantearse siquiera la posibilidad de que haya maneras buenas y malas de hacer que alguien se sienta “como un superhéroe”?

Ya he terminado de marear la perdiz, así que me explico: Overwatch es un juego de la hostia porque hace que el mundo sea un lugar un poquito más bonito y un poquito más brillante. Consigue que te sientas especial no por ser el mejor, sino por ser el único que puede hacer una cosa específica en un contexto determinado. No matizar esto sería exponerme a que una turba enfurecida me cubra de plumas y brea hecha con ejemplos de otros juegos similares, así que sigamos.

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El post en el que despotrico de manera imprecisa y aleatoria sobre la abundancia de lugares comunes en la crítica cultural contemporánea

Hoy he terminado de leer una obra de teatro llamada Arte, de Yasmina Reza; un clásico moderno (suena a rancio, pero en este caso de verdad lo merece) muy bueno con mucha miga que morder en tan sólo cien páginas. Tanta miga, de hecho, que he acudido a los interneses a buscar críticas y ensayos  que me ayuden a afinar mi perspectiva sobre esta obra que habla de cómo nuestra perspectiva afecta a nuestra relación con el arte y con otras personas.

Las críticas que he leído me han decepcionado.

Estoy cabreado.

Las he leído en el metro, de camino a casa, y según he abierto la puerta de mi piso he ido a la habitación, me he despelotado (hace calor) y he abierto el PC para expresar por escrito mi cabreo.

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Enhorabuena, Guardianes de la Galaxia Vol. 2 es “cine de autor”

Nota: este artículo no se engloba en la colección de “Marvel Studios y la premisa activa” porque creo que ese tema queda ya lo bastante claro. Ah, y cuidado con los spoilers. No leer sin haber visto la película. Avisados quedáis.

¡Guardianes de la Galaxia Vol. 2 es cine de autor!

¿Yupi?

O sea, se ha dado tanto la tabarra con el tema de que las películas de Marvel Studios son “productos” que siguen “una plantilla” que al final había hasta sed de algo que mostrase un marcado carácter personal. Creo. Es lo que tiene eso de “carácter personal”, que es la típica cosa que se dice poniendo “marcado” delante y que a ver quién te contesta a eso sin parecer idiota. El proverbial chaleco antibalas del crítico cultural promedio, ¿no? Sea como fuere, este film es, efectivamente, personal. Innegable desde el mismo comienzo hasta el plano final, al que volveré más adelante, pasando por la manera en la que va devanando el hilo.  “Una película de James Gunn”, sin duda.

Esto viene a significar que Vol. 2 es la primera película del MCU que se ha construido no en torno a “lo que se quiere conseguir”, sino a “lo que quiere hacer una persona”. De verdad que a eso se reduce la cosa y no, no tiene nada que ver con que la personalidad del director salga a la luz (eso ya se empezó a ver en la primera Vengadores y en Iron Man 3, y el que no lo quiera entender que no lo entienda) porque yo hablo no del cómo sucede, sino de qué.

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Lucia Berlin dice la verdad, y por eso debéis leerla

Escribo esto asumiendo que no sabéis quién es Lucia Berlin (pronunciado Lúsia Bérlin) y que os hace falta leerla, lo que me pone en un brete bien gordo porque la grandeza de esta mujer es irresumible. Puedo poner varios ejemplos u ofrecer kilo y medio de razones por las que Manual para mujeres de limpieza (recopilación de sus mejores cuentos llevada a cabo por Alfaguara) es imprescindible y de hecho lo haré, pero ni va a bastar ni, supongo, va a convencer al que no se fíe de mí, así que lo dicho: un marrón. ¿Que por qué Berlin escribe Bien con B mayúscula? Porque dice la verdad, y creo que ése es el único resumen auténtico que se puede hacer de su obra.

El asunto de la “verdad” es bastante jodido porque es a) el núcleo absoluto del arte, y b) una palabra muy dada a que la tergiversen para decir gilipolleces. En el arte y en general. Es muy fácil hacer cabriolas con la semántica para convertir frases como “el escritor ha de ser sincero” en bombas de racimo con cuarenta significados diferentes, lo que significa que solemos abordar la conversación sabiendo de qué hay que hablar pero no en qué términos. ¿Qué es “decir la verdad”? Para mí, consiste en tener un ancla clara en la realidad, entendida ésta como experiencia personal.

¿Es esto una gilipollez de las que he hablado antes? Posiblemente. ¿Nos ayuda a dejar claro por dónde voy? Lo bastante, imagino, así que sigamos por aquí.

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