Nota: Aquí vamos a destripar alegremente casi todas las películas del MCU. Cada film tendrá su propio artículo con su propio enlace para que el no quiera saber nada de la trama pueda saltarse esa parte. Al final de cada entrega habrá una lista de enlaces para navegar por el tocho éste, cuya extensión total alcanza las trece mil palabras. Dieciséis partes: catorce películas en orden de estreno, este prefacio (importante de leer) y una conclusión final. Now bring da pain.

Quizá os sorprenda, pero parece que a la gente le gustan las películas del Marvel Cinematic Universe.

Lo divertido de este asunto no es que gusten, sino que no nos terminamos de poner de acuerdo en determinar por qué gustan. El consenso parece indicar que la respuesta es “a quién coño le importa”, pero no deja de ser la pregunta del millón para más o menos el 101% de Hollywood desde mayo de 2012, fecha de estreno de Los Vengadores. Para el aficionado a la ficción sencillota y orientada al gran público, léase yo y probablemente tú, ambas posturas se quedan cortas y acaban desembocando en ensayos torpes como el que tenemos aquí. Porque esto nos lo hemos preguntado miles y miles de nerds:

“¿Por qué funcionan estas películas?”.

No voy a responder a esto porque depende de mil factores de importancia variable según la situación. Planteamiento, oportunidad, el mejor departamento de cásting de todo Hollywood junto al de Tarantino y J. J. Abrams, ingenio, micrománaging de escenas, macrománaging entre entregas, claridad dramática, caracterización precisa basada en “no quiere lo que realmente necesita”, orquestación de personajes extraordinaria tanto a corto como a largo plazo, visión clara, chistes más o menos graciosos, pirotecnia CGI, seguro dental, Lisa necesita un aparato. Toda esta lista se ha repetido hasta la saciedad en mayor o menor medida, alzando un número indeterminado de cejas según el caso, y no va a ser el plat fuerte aquí. En su lugar, plantearemos otra tesis:

Las películas del MCU funcionan porque, en general, van de algo.

Para explicar esto, vamos a hablar de un profesor de dramaturgia húngaro de la primera mitad del siglo XX.

Lajos Egri es un tío guay, pero no me apetece contaros su vida así que aquí tenéis su entrada de la wikipedia (la fotografía me gusta porque parece estar retando a alguien para que lo mate). Escribió un libro extraordinario sobre dramaturgia llamado El arte de la escritura dramática, difícil de encontrar en España y fácil de encontrar en Book Depository (recomendadísimo si os interesa mínimamente el arte de escribir). En este libro se plantea un concepto tan cojonudo y tan vital para lo que voy a contar después que lo pienso poner en línea aparte, en negrita y subrayado:

La premisa activa.

Podéis encontrar el capítulo completo de Egri l respecto aquí, pero la cosa se puede resumir en que se debe condensar el discurso de la obra en una sola frase, y que esa frase debe seguir el esquema “X conduce a Y”. La premisa de Macbeth, por ejemplo, sería “la ambición desmedida conduce a la ruina”. Lo relevante aquí no es que se deje claro “de qué va” Macbeth, sino que se hace uso de un verbo que señala una acción. “Conduce a”. La premisa de la obra no es “la ambición es mu chunga”, sino “la ambición conduce a cosas chungas”, y esta estructura resume no sólo el discurso, sino la trama en sí misma; es decir, fusiona discurso y trama.

La ambición desmedida (Macbeth quiere ser rey en lugar del rey) conduce (pasan movidas sangrientas porque Macbeth está muy loco) a la ruina (Macbeth acaba destronado y descabezado). La premisa activa es una verdad temática elegida por el autor, y Egri afirmaba que cada línea de diálogo y cada decisión de los personajes debían ir encaminadas a demostrar que dicha verdad es cierta. Y si bien se trata de una afirmación tajante y reduccionista, tampoco es mala idea quedarse con la copla porque no es ninguna tontería.

No se trata sólo de que la historia que cuentas vaya de algo. Es que ese algo debe quedar demostrado y subrayado por lo que cuentas… lo que explica por qué hay tantas novelas, películas, cómics, videojuegos y obras de teatro que van “de algo” (porque de pronto un personaje te agarra por los hombros y te lo explica en un monólogo, vaya) pero que no transmiten gran cosa porque la acción no vertebra la temática. Es un follón, es vago y está abierto a discusión, pero se puede decir que una obra funciona mejor cuanto mayor es la sensación de que lo que se está contando sigue una trayectoria concreta.

Si aceptamos pulpo como mascota, sigamos hablando del MCU.

La broma va a ser la siguiente: iremos repasando película a película las 14 entregas que conforman esta serie, estableceremos qué premisa activa dirige cada una y explicaremos por qué en base a mis propios criterios, porque estoy hablando en primera del plural pero al final el blog es mío. ¿Mola? Mola.

Si eres sensible a spoilers, sáltate el artículo correspondiente a la película de la que no quieras saber nada. Esto imagino que resultará interesante sólo para Doctor Strange, la última de la lista, pero ahí queda.

Recomiendo mucho leerlas todas en orden de estreno. Luego ya que cada uno haga lo que quiera.

INTRODUCCIÓN A LA PREMISA ACTIVAIRON MANEL INCREÍBLE HULKIRON MAN 2THORCAPITÁN AMÉRICA: EL PRIMER VENGADORLOS VENGADORESIRON MAN 3THOR: EL MUNDO OSCUROCAPITÁN AMÉRICA: EL SOLDADO DE INVIERNOGUARDIANES DE LA GALAXIALOS VENGADORES: LA ERA DE ULTRONANT-MANCAPITÁN AMÉRICA: CIVIL WARDOCTOR STRANGECONCLUSIÓN

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Un comentario en “Marvel Studios y la importancia de la premisa activa

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