“Tomar decisiones difíciles conduce al heroísmo”.

Oh, tío. Hubiera sido tan fácil cagarla.

El Capitán América es un follón de personaje. Al igual que Superman, es fácil de escribir, pero muy jodido de escribir bien. Ya me he explayado sobre él en otro lugar, así que me voy a ceñir a la pinícula. Una obra que parece sencilla y que aún hoy me sigue pareciendo un milagrito del niño Jesús.

Porque insisto. Habría sido fácil. Marcarse un Mark Millar, ser cínico, no creerse el papel. Menos colores, más grises. Sobre el papel, construir un blockbuster de 2011 en base a la figura del buen soldado americano de moral intachable era una locura. Pero lo hicieron, y fue la decisión correcta… pero no fue, en aquel momento, la decisión más fácil. Ni para el estudio, ni para el director, ni para los guionistas, ni para nadie.

¿Cuántas decisiones difíciles toma Steve Rogers en el transcurso de este film?

Es para pensárselo. Toda decisión que afronta Steve desde su primera aparición cuenta con una alternativa más fácil y, en la mayoría de los casos, más lógica. No tiene por qué mandar callar al plasta del cine. No tiene por qué alistarse. No tiene por qué intentar alistarse cinco veces. No tiene por qué tirarse encima de la granada, convertirse en un payaso de feria ni rescatar a Bucky contraviniendo órdenes expresas. Pero lo hace. Porque es lo que cree correcto.

En un entorno donde la mayoría de los héroes actúan porque, seamos sinceros, qué otra cosa van a hacer, el heroísmo terco y casi masoquista de Steve Rogers es increíble. Increíble y demodé a más no poder: es muy comprensible que a la mayoría de la gente en Capitán le caiga como una patada en los huevos. No hace lo que todos haríamos con esas habilidades.

Claro que la mayoría de nosotros no valemos para héroe…

Sí, el tercer acto se desinfla one more time. Sí, el Cráneo Rojo no subraya muy bien la premisa activa. Sí, las decisiones de la batalla final no son realmente “difíciles”… pero Steve Rogers tiró el avión al agua. Podría no haberlo hecho. Iron Man no lo habría hecho.

Pero lo tiró al agua.

El Primer Vengador no es un film sutil. No opera a niveles intelectuales elevados ni propone complicados puzles semióticos. Es más simple que el mecanismo de un chupete. Pero toma la decisión más difícil posible: hacer una película del Capitán América sin desviarse un ápice del núcleo del personaje.

La apuesta por el clasicismo en detrimento del cinismo fácil me parece la mayor que ha hecho Marvel Studios hasta ahora. Y eso, en cierto modo, convierte a este film en un pequeño acto de heroísmo sincero.

Serie de la Premisa Activa en el Marvel Cinematic Universe

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