Hablar de cine es dificilillo.

No porque el medio en sí mismo opere a niveles intelectualmente más elevados que, digamos, una novela o un cómic, sino porque las películas no tienen autor. No en el sentido estricto de “persona que ha hecho todo el trabajo”. Las películas son siempre (siempre, incluso si son cortos patateros hechos en primero de carrera) trabajos colaborativos en los que están implicadas muchas personas, todas ellas indispensables en mayor o menor medida y todas involucradas en la dirección de la obra. En sus intenciones artísticas.

Esto que digo no es algo que se estile. Estamos acostumbrados a oír hablar del director de un film como “el autor”. “Me encanta La lista de Schindler, Spielberg sabe contar una historia”. Vale, sólo que el guión de esa película es de Steven Zaillian, del que nadie habla nunca. Spielberg es un fantástico director de cine, está claro, y una enorme parte de las decisiones acertadas que hay en La lista de Schindler son suyas. Pero no todas. La propulsión dramática no es suya. El gravitas de Liam Neeson, tampoco. Ni tampoco la banda sonora, ni la fotografía. Supervisa, sí. Quizá haya retocado partes del guión, y perfilado las interpretaciones, y perfeccionado la ejecución de cada escena, sí. Es una figura dominante. Sí.

Pero decir que Steven Spielberg es “el autor” me sigue pareciendo, en primer lugar, una falta de respeto al resto del equipo; y en segundo lugar, una manera reduccionista de hablar del arte.

Estamos ante un método de crítica cultural que comprime y lima el discurso de acuerdo a cánones fáciles de leer y aún más de escribir. Un método llamado “teoría del autor”, creado en los años 40 por críticos de la revista Cahiers du Cinema y que ha acabado siendo, por razones de simple vagancia general, en el estándar. Porque es fácil hablar en estos términos. Menos elementos que tener en cuenta, menos palabras destinadas a definir cómo cada artista presente en la producción ha aportado su granito de arena. La teoría del autor obedece a la simple eficiencia… y lo que pasa es que hay muy pocas películas que no sufran al ser comentadas de esta manera.

Sobre todo películas como Rogue One.

Todo esto viene a santo de dos cosas. La primera es que este film está muy bien por razones evidentes (¡batallas espaciales! ¡Un tono distinto y fresco! ¡Darth Vader ha contado un chiste! ¡Quiero invitar a Donnie Yen a cenar en Nochebuena!), pero también es muy irregular… por razones no tan evidentes. Lo normal es salir del cine con sensación de que la película no es redonda. Incluso cuando te ha entusiasmado, lo ha hecho “porque las partes buenas hacen que me la pele lo demás”. Y eso se debe a que en la producción  de Rogue One ha intervenido un alarmante número de personas con un alarmante índice de genialidad… alarmantemente limitado en cada caso. Un huevo de gente con mucho talento para algunas cosas, pero no para todas.

Que no es “una película de Gareth Edwards”, vaya.

Lo que no quiere decir que Edwards no sea un genio. Al contrario, es un pedazo de genio a la hora de hacer según que cosas. Por ejemplo, no hay cineasta en todo el planeta que ruede cosas enormes como él. No sólo se trata de transmitir escala; es que sabe ejecutar escenas paso a paso, de tal modo que la vista pasa de centrarse en algo pequeño a algo cada vez más y más grande o viceversa, siempre con maestría a la hora de guiar el ojo humano. Esto queda patente en la escena inicial (la lanzadera adivinándose, minúscula, entre los anillos de un planeta, pero dominando todo el plano con su trayectoria) o en la primera secuencia con la Estrella de la Muerte (cazas espaciales dan paso a un enorme destructor que sale de las sombras poco a poco, y según se abre más el plano vemos a qué pertenece la sombra y la platea se va por la pata abajo). No me gusta comparar, pero la base Starkiller de The Force Awakens era cinco veces más grande y ni de coña lo parecía. Porque Edwards sabe rodar lo inmenso. Lo sobrecogedor. Lo “awesome”, entendida esta palabra en su sentido original: “que produce awe”.

El problema es que Gareth Edwards sólo tiene un modo. El Modo Awesome. Y esto sólo sirve para unas pocas escenas de la película: las que no contienen a seres humanos interactuando entre sí. Lo que es un problema, porque Rogue One tiene un montón de escenas de seres humanos interactuando entre sí. Escenas cruciales para que el film llegue a buen término.

Yyyy… ¿tampoco están nada mal? O sea, ¿no del todo?

Empecemos con un par de ejemplos y luego sigamos a partir de ahí, eh.

Hay un tema con las escenas de una película. No se trata sólo de que la cosa se entienda, sino de que se sienta. La ejecución no debe limitarse a transmitir información: lo sensual es igual de importante. Una película de este tipo opera siempre a nivel visceral más que racional. ¿Cómo quiero que se sienta el espectador al acabar esta secuencia? ¿Qué información nueva quiero revelarle a él y a los personajes? Las dos preguntas son igual de cruciales… y hay partes en las que Rogue One sólo sabe responder la segunda.

Como en la primera escena con Cassian Andor, en la que dispara a un compañero por la espalda. Bueno, queda más o menos claro qué ocurre: ha tenido que tomar una decisión difícil por el bien mayor. El problema es que en ese momento no queda nada claro cómo se siente el propio Cassian; la escena está ejecutada de manera extraña, robótica y con un énfasis no del todo humano. ¿Le ha disparado porque es un espía? ¿Cassian es malo? ¿Le ha jodido tener que hacerlo? De ser así, ¿cuánto y de qué manera?

Sí, luego se nos aclaran las dudas y es evidente que Cassian no es malo, etc. Luego. Por simple lógica. Pero es que eso es una manera intelectual de abordar algo que funciona mucho mejor con las tripas. Porque (y odio volver a mencionar The Force Awakens, pues es una película muy diferente) Abrams habría dejado meridianamente claro qué siente Cassian tras disparar mediante un primer plano, o un leve movimiento de cámara, o una dirección de actores más precisa. Pero Edwards no llega a tanto, porque eso no es awesome. Sólo es humano.

Otro ejemplo es la totalidad de Saw Gerrera y en particular la escena de “te voy a dejar en manos de un mostro con tentáculos porque yo qué sé, estoy muy loco”. Bodhi se entrega y promete cooperar, pero Saw le tortura por razones que sólo se intuyen (y esta peli te pide que intuyas un huevo de cosas) más tarde, cuando te preguntas los porqués. El momento cinemático en sí mismo es un “pero qué cojones está pasando aquí” con todas las de la ley.

El film está lleno de momentos así. Partes en las que no tienes muy claro por qué X está actuando de Y manera hasta mucho más tarde. Discursos bien escritos, pero bastante poco a juego con el personaje que los dice. El resultado es una perpetua sensación de “no entiendo muy bien de qué va esto” que no sólo se debe al director, sino al montador, a los actores, al DP y a todos los que están metidos ahí.

Gente con gran talento que no acaba de cristalizar en una dirección concreta.

Pasa con los actores. Felicity Jones es la clase de intérprete que funciona cuando se la dirige con precisión, como Scarlett Johansson, y aquí la pobre está un poco vendida. Diego Luna se enfrenta a un personaje moralmente gris pero metido en un entorno de producción que exige revisiones constantes de guión y por tanto debe ser sutil, pero acaba siendo (en algunas escenas) un coñazo de hombre. No tienen la ventaja de interpretar a personajes “hago sólo una cosa pero es una cosa muy divertida”, como Tudyk o Yen. Y sufren.

Pasa con el guión. Ya he mencionado los discursos inmerecidos, pero es también un tema de motivaciones de personajes y de simple explicación de objetivos. Tiene lógica. Toda la del mundo. Esta peli no tiene “agujeros de la trama” (si queréis identificar a un crítico mediocre, fijaos en si se centra en los agujeros de la trama), sino agujeros emocionales. Porque las cosas se entienden, más que sentirse. En su mayor parte.

Pasa con muchas cosas, pero… el caso es que Rogue One no se resiente mucho por ello. El caso es que Rogue One es una pinícula que está bastante bien. Si tan importante es esto que digo, ¿por qué no se ha ido todo a la mierda? ¿Por qué la gente sale contenta?

Porque sólo son fallos parciales.

Porque Edwards sólo es parcialmente inepto a la hora de dirigir personas. Porque Weitz y Gilroy (así como el chorrón y medio de gente que echó manita al guión y que a saber quiénes son) no escriben tan mal las motivaciones y los diálogos como me he sentido tentado de afirmar. Porque Jones no improvisa del todo mal (sólo tira de quinta cuando se ve sin rumbo, como queda patente en la escena donde Jyn escucha al holograma de su padre). Porque todos los errores de ejecución son leves. Duelen, pero no hieren de muerte. No hay ninguna cagada garrafal, sólo muchos parches para que no entre agua por las partes  endebles. Y vale, son parches. Queda feo y baja el caché. Pero el caso es que el agua no entra, tío.

Y claro, es que las partes que no son débiles son acojonantes.

Ben Mendelsohn es acojonante. Su director Krennic me parece el mejor personaje de la peli no sólo porque quede claro siempre de qué pie cojea, cómo piensa, qué quiere y a dónde va, sino porque Mendelsohn es de los que te crean personajes sin necesidad de ayuda. Todas las elecciones que hace a la hora de interpretar son fenomenales. Porque su genio será limitado (no es guionista, obviamente), pero está a pleno servicio de las necesidades el film. Porque esa expresión final de Krennic al ver que morirá a manos de su propia ambición está merecidísima.

Gareth Edwards es acojonante por lo que ya he dicho y porque vaya Vader se casca el señor. Esa manera de hacer que su sombra se cierna sobre Krennic y esa capacidad de convertirle en lo que siempre ha sido (un rodillo imparable de puro dominio violento) durante su escena final, que si no la ha dirigido él me como la tetera.

Donnie Yen es acojonante y qué bien verle sonreír y ser algo más que un aburrido monje estoico.

Kathleen Kennedy es acojonante por haber apostado por matarlos a todos al final, aunque ninguno de los implicados en la producción lo esperasen.

Michael Giacchino es acojonante, aunque eso ya lo sabíais.

Y no sé quién es el responsable del tercer acto (se especula que hubo mucha gente involucrada), pero el resultado es genial. No sólo en el sentido clásico, sino en el de “si me pones el tercer acto por sí solo como un corto de rebeldes vs. Imperio, compro encantado porque funciona como una entidad autónoma”. La acción que puede verse durante los últimos 30 minutos de Rogue One es un estupendo trabajo de coreografía, planificación, improvisación y claridad espacial y emocional (ese punto de vista inicial de Krennic arriba del todo, que a un tiempo señala los puntos de conflicto y esboza más aún al personaje en un solo minuto). Y no es “obra de Gareth Edwards”, aunque estuviera implicado. Es un trabajo de equipo hecho por profesionales geniales en lo que hacen.

Rogue One es, en palabras del propio Edwards, un trabajo en equipo.

Igual no pasa nada por empezar a pensar en toda película como una obra colaborativa, eh.

El sentimiento de irregularidad que impregna Rogue One se debe, efectivamente, a que en esta cocina hay una barbaridad de cocineros. Todos ellos muy talentosos, pero el caso es que hay demasiados. Esta película ha tenido una producción movida, con rerodajes que afectaron mucho al montaje original (prácticamente no hay planos ni frases del primer tráiler en la versión definitiva, y se dice que el último acto se volvió a rodar entero con un final muy diferente), y es muy posible que la imprecisión temática y emocional que la rodea provenga de ello.

Pero es que sigue estando bastante bien, hombre.

Creo que hay valor tanto en las partes como en el todo, y que no se presta demasiada atención a lo primero. Las obras redondas y herméticas están muy bien y seguramente sean las que mejor perduran, pero a mí me gusta seguir una premisa algo distinta: que toda película que me ofrezca algo interesante (diseños, historias, ideas, actuaciones, intenciones, lo que sea) me ha aportado algo, y que por tanto me alegro de haberla visto. No sé si será buena. No sé si el resto de la gente opinará lo que yo.

Pero me alegro de haberla visto.

No es fácil hablar de cine y no es fácil hablar de Rogue One. Hay muchas piezas que mencionar y no existe caja alguna en las que meterlas para poder etiquetarlas como un todo. No todas las piezas encajan y algunas de ellas podrían haber sido mejores. Pero todas tienen una pizca de genio. Se trata de un genio limitado, sólo a veces bien enfocado, pero es genio. Sólo por eso ya me alegro de que Rogue One exista, y creo que es un muy flojo halago para lo que realmente se merece.

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