El problema inherente a analizar cualquier forma de humor es que uno se ve obligado a explicar el chiste, y nadie quiere ser “el que explica el chiste”. He leído varios textos muy interesantes sobre la teoría subyacente a hacer coñas, y todos sufren por ello. El resultado es que se habla poco del humor y que, por tanto, solemos pensar que “gracioso” es algo que se es, y no algo que se crea.

Pero, ¿y si no pasara nada por explicar el chiste porque no hay chiste?

Que hay que currárselo más. Mucho más. Y que, por desgracia, a veces es directamente imposible. Fue lo que me ocurrió durante la pasada Nochebuena, cuando tuve la feliz idea de explicarle a mis sexagenarias madre y tía quién era él, el Chocu.

Espero que muchos leáis esto sin tener ni idea de lo que estoy diciendo, porque así va a ser mucho más divertido. “El Chocu” es un webcómic/cuenta de Twitter que parodia (o algo así) a la mascota de los Chococrispis. Podéis echarle un vistazo en este enlace, y leer el webcómic original aquí. Forma parte del webcómic ASDFG, que puede verse en forma de antología aquí y que, como Matrix, no puede explicarse. Ha de verse. Su wiki oficial es, en sí misma, una sublime obra de artesanía.

Transcribo de manera casi literal mi intento de explicar a estas dos buenas señoras (ambas brillantes, despiertas, de mente abierta, haciendo el mayor esfuerzo posible por comprender) qué es el Chocu y por qué me hace gracia.

“Pues es el mono de los chococrispis, el de la caja de los cereales que me comprabas de niño, mamá, el tigre no, el mono, sólo que escribe mal. En mayúsculas y con faltas de ortografía, pero no sólo mal, es como si escribiera rápido y hay una energía rara que no sé explicar pero que combinada con la puta cara del mono hace muchísima gracia. El mono es como un empresario cabrón que explota a todos pero con una sonrisa, eso también es gracioso. Así explicado no te ríes, pero ya verás cómo sí en cuanto lo veáis *les enseña la cuenta. No se ríen*. No, pero es que es como una parodia de… de… de algo, de una cuenta oficial de los chococrispis o algo así. Y hay más animales y como que hay una violencia extraña que subyace a todo sin que te des cuenta y eso también es gracioso… ay, no sé. Es igual. ¿Cuánto le queda al cordero?”

Pues eso.

Que no puedo explicar por qué esta mierda hace reír.

Que no puede nadie, ni tan siquiera sus propios autores. Por admisión propia. He hablado con ellos, son un grupo de gente muy agradable de indudable talento que van improvisando esta creación sobre la marcha.

Pero que, pese a ello, voy a escribir un artículo tratando de arrojar algo de luz sobre el asunto. Porque creo que estamos ante una pista que apunta hacia el futuro de la comedia y porque estoy en la oficina y no quiero trabajar. Esto será impreciso, tosco, potencialmente ofensivo, sangriento y estructuralmente cuestionable. Como el propio Chocu.

Conque vamos a ello.

 

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El humor como contexto

Muchos de vosotros pensaréis que el Chocu no tiene gracia alguna.

Tenéis “razón”.

Es tentador tirar por lo seguro y decir que el humor es algo subjetivo, pero mi idea es que lo que es subjetivo es el contexto que rodea al “chiste” y también el contexto que rodea al receptor del chiste y todo lo que se refiere al canal de comunicación. Es decir, que el chiste no se reduce a que el perro se llamaba Mistetas, sino a quién lo cuenta (“’¡Es gracioso porque lo ha contado el Presidente del Gobierno!”), a dónde lo cuenta (“¡lo ha dicho en el Congreso!”), a cómo (“mi cuñado te puede contar el chiste de Mistetas y te ríes, no sé cómo lo hace”) y hasta al momento preciso en el tiempo donde se establece la comunicación. Asimismo, no es lo mismo mi contexto (he comido chococrispis, uso Twitter, me gustan las series de animación americanas) al contexto de mi familia (ni papa de redes sociales, maestras de escuela, les gustan Les Luthiers).

Lo normal es que el humor se construya en un 90% mediante el contexto… pero no es el caso del Chocu. El Chocu es el primer ejemplo que he visto de “chiste” construido íntegramente mediante el contexto.

Y eso es fascinante.

No hay “gracia” como tal en el Chocu. No hay inversión aparente de expectativas, no hay estructura setup-punchline. No hay gag. Son los personajes de los cereales hablando mal (trivia: resulta que hablan así para sortear un filtro de palabrotas) y haciendo cosas raras y aleatorias… la inversión cómica de las expectativas (piedra angular del despolle) no procede del texto en sí. El texto es, en sí mismo, una inversión de expectativas.

Supongo que ahora tengo que proporcionar eso que los humanos llamáis “explicación”.

Ya he hablado antes de lo que yo creo que es “la base del humor”, en este artículo sobre el Julio César de Astérix. El resumen para los que no quieran leérselo es que “el humor es una manera de comunicar que algo imprevisto no supone peligro”, lo que se traduce en que por pelotas ha de haber algo imprevisto en cualquier chiste. Es decir, una inversión de expectativas.

Ejemplo:

—Nombre y ocupación.

—Me llamo Roberto Unamuno y tengo una polla enorme.

—¿Una qué?

—Unamuno, como el escritor.

“No esperaba que dijera que tiene una polla enorme” + “no esperaba que me malinterpretase y me insistiese en el apellido”. Expectativa, inversión de la misma, comprensión de que el nuevo estatus quo no es pernicioso, risa. El cerebro humano procesa esto en una fracción de segundo porque hemos evolucionado de esa manera (o no, pero la teoría que manejo es ésta y si no os mola ponedlo en los comentarios). Por eso nos gustan los juegos de palabras. Por eso nos reímos cuando alguien tropieza y cae (y por eso dejamos de reírnos cuando el golpe es serio). Por eso una frase totalmente normal puede ser graciosa si la dice quien no te lo esperas, como es el caso de este tuit:

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Justin Bieber tuitea “SWAAAAAAAAAAAGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGG” y tiene trece mil retuits. Yo tuiteo lo mismo y no pasa nada. Porque lo gracioso no es lo que se dice, es quién lo dice y en qué contexto. Por eso nos descojonamos cada vez que una cuenta oficial de algo se sale, aunque sólo sea un poco, del “lenguaje corporativo estándar” (el caso de Izquierda Unida y de la Policía). Por eso nos irrita ver que esas mismas cuentas se aprovechan de ello para parecer “guays” (el caso de… Izquierda Unida y de la Policía). El fin de la gracia llega con la conversión del giro humorístico en el nuevo “normal”.

El Chocu es una inversión de la “gran corporación que trata de ser tu amiga”.

No es su intención. Qué coño, insisto, los propios creadores me explicaron que nunca hubo intención alguna; este personaje surgió como broma privada entre amigos, y así debe seguir siendo (seguramente lean esto, y seguramente se partan de risa al ver que me lo estoy tomando tan en serio). Pero es que da igual. Sea por azar, de manera deliberada o por una mezcla extraña e instintiva de ambas, este personaje es un constructo semiótico muy complejo que señala la comunicación corporativa como lo que es: un disfraz calculado que oculta a algo habitualmente vil, burdo y, en cierto modo, violento.

No se trata de que el mono hable raro; es que se trata de una perversión muy precisa del habla pseudoculta que se usa en comunicación corporativa estándar. Los CM escriben, mediante una especie de extraña autocensura, con una cadencia y un lenguaje muy concretos (creedme, yo soy CM, el miedo a parecer humano es real) que en el Chocu se tornan monstruos retorcidos e inquietantes. Se usan los dibujos originales (¿os habéis fijado que la cosa no tiene tanta gracia si es un dibujo del Chocu, y no el muñeco exacto de los cereales?) y conceptos rancios como el “divertido cómic de aventuras que hay detrás de la caja” para hacer algo ultraviolento, caótico y malsano… y eso toca la fibra sensible de mucha gente. Sea adrede o no: los que se mueven en la esfera social que rodea al personaje lo pillan. Encaja. Les deja ver al alienígena que se esconde bajo el disfraz de piel humana. Les hace gracia. Y les quita un peso de encima…

… Siempre y cuando estén equipados con la información necesaria para entender cuál es la inversión cómica que conforma el Chocu, 100% dependiente del contexto que he explicado antes. El de los CM rancios y todo eso.

Si no tienes esta información, te pasa como a mi madre y a mi tía. Que no te hace ni puta gracia, porque no sabes nada de community managers, de la tuitesfera, de la manera de hablar que allí se estila o de quién es el mono de los chococrispis. O quizá sí sepas, pero no toca tu fibra sensible. En cualquier caso, el contexto falla.

La diferencia entre el chiste de perro Mistetas y el Chocu reside solamente en la complejidad del mensaje. Y ahí es a donde yo quería llegar.

Porque creo que el Chocu puede salvar mi país.

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Un nuevo tipo de comedia

“Esto no funcionaría en Facebook”.

Lo he pensado varias veces. Sobre este tema y sobre muchos otros temas: lo que a mí me gusta y/o estimula no es lo que conectaría con la verdadera España, porque la verdadera España no está en Twitter. Está en Facebook. Esto pasa en todas partes (a ver si os creéis que en el ámbito rural de Reino Unido son todos fans de los Monty Phyton), pero creo que el nivel educativo de un país va parejo, entre muchas otras cosas, a su capacidad de procesar chistes. A la complejidad de su humor. Y también que el humor es un canal de doble sentido: España tiene como consecuencia los Morancos, pero los Morancos tienen, a su vez, a España como consecuencia.

Es difícil expresar lo que quiero decir sin sonar como un ñordo elitista, así que mejor centraros en el hecho de que estoy defendiendo al mono de los chococrispis como ejemplo de un nuevo tipo de comedia que a este país le vendría bien. No es que me crea más listo que la gente que ve La que se avecina, es que creo que una mascota de cereales convertida en meme puede darnos herramientas adicionales para hacer de ésta una sociedad mejor. Insisto: el mono de los chococrispis. Si quisiera dármelas de listo, el artículo iría sobre Dan Harmon y sobre que ladramos, luego nos cabalgan, y para ego trips ya tenemos a Pérez-Reverte escribiendo en El Semanal. ¿Mola? Mola.

El Chocu sólo es una excusa para hablar de gente con mucho talento.

No durará. Nada dura. En algún momento, el mono éste ya no será gracioso y/o será sustituido por otro constructo cómico más relevante u oportuno. En el mejor de los casos, mutará hasta convertirse en eso. En cualquier caso, terminará. Da igual. Lo que me interesa no es el chiste: son las mentes que conforman el chiste.

Lo que quiero decir con todo esto es que las mentes que en Estados Unidos parirían cosas como Community, Monster Factory o BoJack Horseman aquí están confinadas a una esfera muy reducida de Internet. Y no sólo hablo del Chocu; ése es sólo un ejemplo de las muchas buenas cosas que veo por ahí. Es una oportunidad perdida muy grande.

Lo es porque el otro día me puse El club de la Comedia y me quise llevar una escopeta a la boca (no es que sea humor rancio; es que perpetúa los peores estereotipos culturales de nuestra “piel de toro”). Porque los chistes que me enseñó mi padre en wasap durante la pasada Navidad me provocaron una grave hemorragia cerebral. Porque no contamos, en cierto sentido, con las herramientas adecuadas para acometer según qué temas en clave de humor. No tantas como otros países (e insisto en que en todas partes cuecen habas y en que no quiero parecer un cretino arrogante). El humor es, si aceptamos su origen antropológico “no hay tigres” como válido, algo vital para sacar a la luz cosas feas del mundo que nos rodea. Señalarlas, quitarles los dientes, relativizarlas y examinarlas desde nuevos ángulos para poder crecer como personas y como cultura.

BoJack Horseman, por ejemplo, construye habilísimos discursos sobre el aborto y los empaqueta en mensajes estructurados en base a símbolos poco habituales para que entren mejor (por eso hay personajes que son animales, vaya). Es fruto de una cultura capaz de montar mensajes con ese nivel de complejidad, porque hay asuntos que lo requieren.

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Este hilo de tuits lleva mil seiscientas entradas y probablemente tenga que extenderse otras mil seiscientas.

Una vez más, porque de verdad que es importante: no se trata de que el humor no deba ser burdo (el mono de los chococrispis, insisto, DE LOS CHOCOCRISPIS), ni de que no haya lugar para el humor sencillo. Se trata de que podríamos tener nuestro propio BoJack, y de que si no lo tenemos es porque miramos una cuenta de Twitter con un mono que escribe mal y no reconocemos la genialidad porque está oculta a plena vista.

Salvar el país, no sé. Pero nos vendría bien prestar atención a una serie de personas que construyen humor en base al contexto. No diré quiénes son los que están detrás del Chocu porque me han pedido que no lo haga, pero sí he encontrado en esta pequeña esfera de Internet a gente capaz de hacer reír de maneras que yo desconocía.

Gente como Oscar Bautista, capaz de hacer épico a Condemor. Gente como Wilhelm o Doctor Fleibur, que nos ofrecen el mejor humor referencial posible. Gente capaz de usar el tono con precisión milimétrica para transmitir cosas incómodas sin que duela mucho, como Trolasodemierda (responsable junto con la brillante edición de Dagu de uno de los vídeos más despollantes que he visto nunca). Incluso los más famosos, como Venga Monjas o Darío Eme Hache (maestro del timing cómico en edición audiovisual), son algo minoritario en un país bastante más dado a escuchar a gente como Jorge Cremades o Álvaro Ojeda. Sólo son un puñado de personas en una esfera que engloba a gente de enorme talento, pero nos conviene prestarles atención.

Quizá formen parte del futuro del humor.

Seguro que exagero, pero tampoco es que me importe mucho. El humor es exageración, puesto que sólo se exagera respecto a un contexto común al emisor y al receptor del mensaje. Si dos mil y pico palabras sobre el mono de los chococrispis sirven para atraer atención hacia esta buena gente, me da igual que haya quien piense que son dos mil y pico palabras que sobran.

Éste es el humor que a mí me gusta.

Y yo apoyo lo que me gusta.

 

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6 comentarios en “El futuro de la comedia española está en el mono de los Chococrispis

  1. Bueno chico, te comentaré la experiencia con esta gente.
    Yo estoy con ellos desde ASDFG, viví los primeros cómics de Chocu, las sagas que hicieron, y por mucho que sea colega suyo, no he visto cosa igual, tan disparatada, tan abierta a ideas.
    No he visto a un webcómic llegar tan lejos, no estaban atados a nada. No podías hacerlo en un cómic normal. Si llegan a ser ellos los administradores de la página y enredasen en código se armaría gordísima. A otros les saldría un shitposting, pero ellos eran gente que tenía cierto ingenio y mojo en el campo. Y solo hacían el imbécil. Y siguen haciéndolo porque Chocu es divertido. No he visto algo así hasta C.A.U. de Benjamin Marra.
    Y es que esta era la cosa. Alguien tenía una idea graciosa, o no, pero la hacía en 5 minutos y arreaba con otra. Esta noche no puedo dormir, pues hago algo para ASDFG.
    A la mañana siguiente el resto de autres se encontraba el percal como un lector más. Y otra clave, son un grupo, siempre fluyen mejor las ideas.
    Alguien descubre unas fotos ridículas, hace una serie de parodias o una noche de insomnio y te llenas una semana loca de ASDFG.
    Al principio a nadie le gusta ASDFG (una teoría que mantengo yo es que el primer contacto con algo siempre suele ser malo) pero entonces les empiezas a pillar el tono por insistencia, parodian algo que te toca más cerca o algo por fin te hace gracia. Y ya has caído.
    Me gustaba de ASDFG que era cercano, se montaba jaleo en los comentarios, el cómic te invitaba a ser autor, destrozaban el cuarto muro constantemente…
    Algo que creo que es necesario para valorar tanto a ASDFG como a Chocu es que hay que vivirlo. Es llegar y encontrarte que hay mil tiras nuevas de ASDFG usando sprites de mierda una y otra vez, a Chocu armándola con Hermann Terstch, que te han borrado los comentarios, la gente como loca comentando, que te bloquee Chocu, una wiki enfermizamente detallada o lo que sea. Porque se puede.
    @Chocu_ no es más que la continuación de ASDFG una vez que el webcómic se cerró. En algún momento se ha empezado a hacer conocida, pero todo improvisado.
    Y si, tanto quienes estaban detrás de ASDFG como el Chocu de ahora, son personas con cierto talento para un humor más destilado, y los adoro por ello. Pero también los conozco lo bastante bien como para saber que no tienen ningún gran plan detrás.
    No, a tu madre no le hará gracia Chocu, solo tiene que encontrarlo. Porque le estabas explicando el chiste. Es como los vampiros , tienes que invitarle a entrar.

    Le gusta a 3 personas

  2. Lo increíble de él, el Chocu, es cómo ese chiste interno, esa coña en una comunidad tan cerrada como la de los webcómics, en el peculiar microcosmos de ASDFG naciera algo que se les fue de las manos, dejaron que se siguiera yendo… y haya acabado siendo el fenómeno que es.

    El contexto es importante, desde luego, y es verdad que ahí es donde triunfa. La duda que tengo es si sería posible trasladar el contexto de los CMs, de las empresas con caretas afables de cara a sus seguidores, fuera de Internet en general y Twitter en particular. No sé hasta qué punto se podría comparar, por ejemplo, con el episodio de Waldo en “Black Mirror”. Tampoco sé si podríamos llegar a un nivel como el de, por ejemplo, “BoJack Horseman”, pero sabiendo quiénes están detrás de Chocu está claro que calidad no les falta.

    Y coincido con Red Bat en que no se puede explicar qué es Chocu porque eso es explicar el chiste. Como con todo lo que ha surgido en ASDFG, tienes que ser tú quien lo descubra o te lo descubran, y sin que te expliquen nada. «Mira y ya dirás», y que digan.

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  3. El post es exquisito, la verdad es que haces la lectura amena y reveladora, incluso conciliadora pese a la clara diferenciación entre tipos de consumidores que haces y la dificultad de analizar figuras y maneras del humor que realmente a la mayoría de estos consumidores nos es imposible abarcar con palabras.

    Al principio dices que nadie quiere ser el que cuente el chiste, sin embargo, yo veo gran parte de humor legítimo en precisamente “explicar el chiste”, y como consecuencia en lo que acabas de hacer, que para mí, en parte, es un humor muy fino que deja de innecesaria la carcajada y la vez la defiende. Por que, no sé, en cierto modo, creo que el humor también es cuestión de sentirse a gusto y comprender y poder responder, ya sea en tu cabeza o a los demás, y es divertido.

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