Nota: este artículo no se engloba en la colección de “Marvel Studios y la premisa activa” porque creo que ese tema queda ya lo bastante claro. Ah, y cuidado con los spoilers. No leer sin haber visto la película. Avisados quedáis.

¡Guardianes de la Galaxia Vol. 2 es cine de autor!

¿Yupi?

O sea, se ha dado tanto la tabarra con el tema de que las películas de Marvel Studios son “productos” que siguen “una plantilla” que al final había hasta sed de algo que mostrase un marcado carácter personal. Creo. Es lo que tiene eso de “carácter personal”, que es la típica cosa que se dice poniendo “marcado” delante y que a ver quién te contesta a eso sin parecer idiota. El proverbial chaleco antibalas del crítico cultural promedio, ¿no? Sea como fuere, este film es, efectivamente, personal. Innegable desde el mismo comienzo hasta el plano final, al que volveré más adelante, pasando por la manera en la que va devanando el hilo.  “Una película de James Gunn”, sin duda.

Esto viene a significar que Vol. 2 es la primera película del MCU que se ha construido no en torno a “lo que se quiere conseguir”, sino a “lo que quiere hacer una persona”. De verdad que a eso se reduce la cosa y no, no tiene nada que ver con que la personalidad del director salga a la luz (eso ya se empezó a ver en la primera Vengadores y en Iron Man 3, y el que no lo quiera entender que no lo entienda) porque yo hablo no del cómo sucede, sino de qué.

Age of Ultron, por ejemplo, tenía escenas con propósito (el que el propósito de Whedon y el del estudio no siempre fueran de la mano ya es otro tema del que hablé en su día); la Hulkbuster quiere dar hespeztáculo, la granja de Clint quiere subrayar tema, etc. En Vol. 2, el propósito de las escenas es existir, sin más. Ser lo que Gunn quiere que sean. ¿Que cuál es la función de la escena en la que Yondu y Rocket masacran a una banda de piratas? Pues sacar esa escena de la cabeza de James Gunn. Porque le gusta, porque le da la gana y porque podría hacerlo de otro modo pero no quiere. Y ya está.

Esto no quiere decir que el film no entienda nada de función dramática y de artesanía básica. Gunn es demasiado competente para eso y sabe que hay que poner vigas en determinadas partes; su mayor fuerte es convertir sus movidas mentales en parte integral del armazón. Todas las personas que han trabajado en esta obra han tenido mucho cuidado con lo que han hecho y han desempeñado su trabajo no con espíritu punk rock que-te-jodan, sino con profesionalidad y saber hacer. Hay dirección, hay meta, hay plan y la cosa, mayormente, pita… pero es que no pita según el esquema habitual de Marvel Studios.

Para aclarar mejor: “el esquema habitual” era, hasta hace nada (y ahora en un ratito explicaré mejor a qué me refiero con “hasta hace nada”), que desde la productora te daban unas directrices sobre qué debía pasar en la película (pues Joss, en ésta tienen que pegarse Hulk con Iron Man y hay que hablar de las gemas y bla, bla) y tú como director controlabas lo que buenamente podías a nivel de micrománaging. Dirección de actores, dirección de arte, puesta en escena, el tono (hasta cierto punto) y, como ya expliqué en mis artículos sobre la premisa activa, el discurso (aquí tienen que ver los guionistas, claro está). Lo que sea menos el armazón. El armazón lo pone el estudio. Los márgenes y el tamaño del recipiente los marca el estudio. Hasta ahí, queda claro.

Guardianes de la Galaxia Vol. 2 es una “película personal” porque es la primera del MCU en la que el armazón, los márgenes, el recipiente o como lo queráis llamar equivalen a “lo que a James Gunn le salga de los cojones”.

Esto significa una serie de cosas muy relevantes, como, por ejemplo: nada de avanzar otras pelis de la serie. Nada de gemas del infinito. Nada de escenas de acción para vender moñecos. Nada de “los héroes sufren una derrota hacia la mitad del metraje y deben reagruparse para el clímax final”. Esta película plantea una serie de personajes y les pega un golpe con el taco de billar para mandarlos a tomar viento fresco en una serie de carambolas inesperadas de ésas en las que lo que suele hacer zig acaba haciendo zag y en la que pocas decisiones son las que te esperas. Lo que antes obedecía a la eficiencia ahora obedece a saciar las inquietudes de una persona. El autor. Y lo más importante de todo esto no es que haya ocurrido en un film de gran estudio, sino que dicho gran estudio haya estado completamente a bordo con el tema.

Veréis, lo gracioso es que esto del “marcado carácter personal” no es tan raro. Podemos resucitar el desecrado cadáver empapado de plumas y brea de Batman v Superman para darnos cuenta de que la peli será todo lo truño que queráis, pero lleva las neuras de Zack Snyder grabadas en el ADN. Lo que pasa es que BvS también se gestó en el seno de una Warner Bros que (no me cabe duda) sólo quería hacer la película para satisfacer a sus inversores. ¿Qué pasó? Que le dieron rienda suelta al director para hacer… lo que hizo… en base a ciertas pautas preestablecidas (¡queremos algo como Los Vengadores pero sin ser Marvel!) y que luego trataron de darle un poco de barniz palomitero PG13 a la cosa en cuanto se dieron cuenta de lo que darle rienda suelta a tito Zack realmente implicaba.  El resultado es… bueno, es que no sé de qué otra manera decirlo, es Batman v Superman. Ya conocéis a ese monstruo de Frankenstein particular.

No ha sido el caso de Vol. 2. No sólo han dejado hacer a Gunn lo que ha querido, sino que han puesto la potente musculatura Marvel-Disney (test screenings y regrabaciones incluidas) al servicio de su visión.

Y eso sí que es un hito para Marvel Studios, porque Guardianes de la Galaxia Vol. 2 es la primera película de la serie que se ha hecho íntegramente al margen del Comité Creativo de Marvel.

Sus explico: el CCM era un grupo de personas (Alan Fine, Brian Michael Bendis, Dan Buckley y Joe Quesada; señores importantes en Marvel y fuera de Marvel, más o menos como los tipos con pajarita en aquel chiste de BoJack Horseman) que supervisaban todas las pelis del MCU, pasando notitas y sugerencias a los productores ejecutivos y a los directores. Básicamente fueron ellos los que echaron a Edgar Wright de Ant-man y los que quemaron a Joss Whedon en Age of Ultron, para que os hagáis una idea. Supervisando a estos cuatro jinetes estaba Ike Perlmutter, magnate tiogilítico y presunto hijo de cien mil víboras personalmente responsable de que aún no haya peli de la Viuda Negra y entusiasta valedor de Donald Trump. Joyitas, ¿eh? Si queréis saber más, aquí tenéis.

Bueno, pues esta gente fue expulsada de Marvel Studios en 2015 por obra y gracia de papá Disney; dado el proceso creativo de un blockbuster, esto significa que la última peli que quedó salpicada por sus irritantes interferencias fue Doctor Strange, y ésa sólo en preproducción (de ahí, por cierto, que pudieran plantear el final que plantearon). Vol. 2 se hizo íntegramente fuera de la influencia de esta gente, y yo llegué a la sala de cine preguntándome si sería verdad que a partir de ahora habría más manga ancha en esta santa casa que tantas alegrías y tan pocas penas me ha dado. Y nada, que sí, que parece que ha salido bien. Esta película es muy importante para el MCU porque deja claro que el camino va a estar menos minado a partir de ahora. Sólo por eso, Vol. 2 ha merecido la pena.

Supongo que ahora tengo que explicar por qué me he pasado mil doscientas palabras sin decir si me ha gustado o no, y también a qué viene esta ominosa falta de entusiasmo que sin duda habéis detectado…

Tranquilos, tranquilos. La película es estupenda. Toma de la primera el establecer la perspectiva única y extrema de los personajes como base de los chistes que articulan la trama que articulan el discurso, y amplía el conjunto en direcciones previamente inexploradas que, hablando en plata, sientan de puta madre. Y sí, es fantástico ver un blockbuster PG-13 tan genuino en su intención de hacer las cosas porque sí, con tantas ganas de tirarse de cabeza a la piscina y tan poco preocupado por la precisión, la eficiencia y el objetivo final. Pero…

Peeeeeero…

Queda raro decirlo. Ni siquiera tengo claro que sea lo más pertinente dentro de la gran conversación que rodea a la película. Pero os juro que lo considero, a nivel personal, el asunto clave: James Gunn no me cae especialmente bien.

Sí, James Gunn. Como persona. Porque no hablo del film, sino de su autor. No es que le odie. Qué coño, ni siquiera me cae mal. Pero hay algo que no termina de conectar conmigo; algo que tiene que ver con lo que él considera divertido, con lo que le atrae, con lo que le repele. Con lo que le motiva. Con la inquietante mezcla de firmeza, seriedad, ingenio y displicencia con la que habla en redes sociales. Si Joss Whedon es la clase de persona hacia la que yo gravito en una fiesta, James Gunn es la clase de persona de la que me alejo. Por un simple asunto de comodidad mutua. ¿Qué implica esto para la película?

Implica que la película tiene la personalidad del autor.

Y agarraos porque esto es lo más importante que voy a decir hoy: todas las películas tienen personalidad. La tienen en calidad de constructos significante-significado ensamblados no tanto alrededor de un código establecido como de una experiencia común (cómo de común ya depende de cada peli y de cada público) a todos los seres humanos. Esto implica necesariamente que no hay película perfecta, como no hay persona perfecta, y es esta imperfección la que, en cierto modo, nos hace conectar con eso que llamamos “arte”… y es esto, creo (y me permito resaltar este “creo”), lo que nos hace pensar en un film como algo similar a una persona, y lo que nos hace medirlo como medimos a las personas, seamos conscientes de ello o no. Me he dejado un par de paralelismos y metáforas por el camino a la hora de explicarlo bien, pero entre esto y lo que ya dije en mi artículo de Age of Ultron creo que ya se me entiende.

Lo que quizá no se entienda tan bien es por qué conectamos más fácilmente (no “mejor”; “más fácilmente”) con las obras que surgen de la cabeza de una sola persona. No se entiende, imagino, porque ninguno de nosotros sabe cómo se ha hecho la peli que tiene delante cuando la ve y, en caso de que lo sepa o lo intuya, lo olvida. Pero ocurre. Esta equivalencia instintiva film-persona nos hace valorar no ya la personalidad, sino la personalidad coherente. Lo que pone en un brete a las “películas hechas por comité”.

Me estoy refiriendo a cosas como Rogue One. De ésa también hablé, y ya comenté el valor que tienen las diferentes perspectivas que aúna. Los múltiples destellos de genialidad que deja entrever entre todo el amasijo. Pero es que eso sigue siendo para nuestra mente humana: un amasijo. No hay “autor”. Rogue One tiene personalidad, pero es una personalidad que no registramos como humana… el símil más adecuado sería decir que esa película nos hablaba con una de esas voces que suenan como mil personas hablando a la vez. Esas voces alienígenas que suelen tener las entidades paranormales, las deidades o las inteligencias artificiales de la cultura popular. Voces reconocibles, pero inhumanas.

A los humanos no nos gusta lo inhumano. Nos gusta lo que suena a una única persona o como mucho a un puñado de ellas, hablando con coherencia y en una dirección reconocible.

Lo que me lleva una vez más a la teoría del autor.

Ya me cagué en ella cuando escribí el artículo de Rogue One y lo vuelvo a hacer ahora. La teoría del autor es una mierda tóxica y rancia que hay que desterrar ya, porque lo único que hace es facilitar la equivalencia film-persona en beneficio del crítico profesional que debe escribir muchas palabras al mes. Porque, y esto lo sabían muy bien los de la Cahiers, es muy fácil hablar de personas y muy difícil hablar de películas. Toda esta manía de hablar del contenido temático de un film poniendo como sujeto a su director proviene de esta corriente nacida en los 40 y es la razón por la que parece imposible tomarse en serio una obra colaborativa en esta era de obras colaborativas; es un lastre que lleva décadas haciéndonos caminar en vez de correr. Es la razón por la que había tantas ganas de que en el MCU hubiera algo con “marcado carácter personal”. Sencillamente, era mucho más fácil hablar de la persona en vez de hablar de la obra.

¡Y por eso debería haber regocijo! ¿No? Porque si hay film en el MCU que se preste a esta equivalencia, ése es Vol. 2. Estamos ante un James Gunn sin más filtros que aquellos que él mismo se impone. Son sus miedos, sus filias y sus inquietudes las que se ven en pantalla; los suyos y los de nadie más. Si algo te irrita, te irrita por él. Si conectas con algo, conectas con él. Es él. Ahí reside la importancia, el límite y la virtud de la película.

Quizá nos sirva para entender que lo del “cine de autor” no tiene que significar necesariamente “buen cine”.

Pero éstas son palabras muy injustas, porque Guardianes de la Galaxia Vol. 2 es buen cine. No ya por su increíble diseño, por su impecable buen gusto musical, por sus innegables pelotas (y uso esta palabra en referencia a lo obviamente masculina que es esta película) y por su razonable mejora en lo que a representación de mujeres respecta en comparación con la primera entrega. Porque estos desgraciados espaciales siguen siendo personas tridimensionales a los que (atención) el director ama de verdad.

Porque ahí está la virtud real. Ahí reside la miga y por eso estamos ante un gran film tenga yo los reparos personales que tenga. James Gunn ama lo que hace y sobre todo ama a los personajes que retrata. Se los cree, al cien por cien. Cuando vemos a Yondu aislado y traicionado, su pesar es real. Cuando alguien habla de familia, ese alguien se lo cree (¿sabéis quién es el que hace de Kraglin, el lugarteniente de Yondu que tiene un protagonismo inusitado? Sean Gunn. Su hermano). No hay intención alguna de vender juguetes o de dar al público lo que quiere cuando se escoge a alguien como Yondu Udonta para ser el núcleo emocional del film; sólo hay amor. Por el personaje, por el actor (Michael Rooker es mega colega de Gunn) y por lo que se quiere representar. Amor y ganas. Y mirad, al final de todas las cosas, eso es lo que más importa. A veces, es lo único que importa.

James Gunn podrá no ser alguien con quien me iría de cañas, pero sí es alguien que te pone como plano final del film a un mapache llorando. Y no lo pone a modo de chiste, sino en base a un cariño auténtico que le surge de dentro. Es apropiado que Rocket sea el mejor personaje de la película y, en secreto, el más importante; es el que más refleja el sentir de su autor. Es, en un elenco de personajes que son personas, el personaje más persona. El que más ciñe su arco al concepto del “amor”. Y eso es algo más que bueno.

Eso es algo maravilloso.

 

Serie de la Premisa Activa en el Marvel Cinematic Universe

INTRODUCCIÓN A LA PREMISA ACTIVAIRON MANEL INCREÍBLE HULKIRON MAN 2THORCAPITÁN AMÉRICA: EL PRIMER VENGADORLOS VENGADORESIRON MAN 3THOR: EL MUNDO OSCUROCAPITÁN AMÉRICA: EL SOLDADO DE INVIERNOGUARDIANES DE LA GALAXIALOS VENGADORES: LA ERA DE ULTRONANT-MANCAPITÁN AMÉRICA: CIVIL WARDOCTOR STRANGECONCLUSIÓN

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GUARDIANES DE LA GALAXIA VOL. 2

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3 comentarios en “Enhorabuena, Guardianes de la Galaxia Vol. 2 es “cine de autor”

  1. Lo que más me impresionó fue que esperaba ver una película como la primera, de aventuras y los típicos chascarrillos que hay en todas las de superhéroes, y me encontré una comedia.

    Me gusta

  2. Buen artículo. No he entrado en detalles en Twitter por miedo a que alguien se coma un spoiler y le chafe el asunto, pero asumo que si lee el artículo y los comentarios ya va sobre aviso.

    Y si no, ESTO CONTIENE SPOILERS.

    Sin tener en cuenta a Gunn por mi parte (Prefiero pensar en las obras como entes independientes del autor), he notado lo que comentas del amor a los personajes y lo genuino de lo que cuenta en el final. Pocas (o ninguna) cosa en el MCU me ha tocado tanto la fibra como el final de esta con todo lo que gira en torno a Yondu, y no sólo porque fuera (es) mi personaje favorito, es por la forma, por el tono, por las palabras (Más precisas en VO “He may have been your father, Quill, but he wasn’t your daddy.”), por su final, y sobre todo porque es la peli sobre la familia y las formas de querer con más acción que vas a encontrar. Quizá eso forma la incapacidad que tengo por valorar la peli (Lo de si es “mejor o peor” que la primera) porque tiene cosas muy potentes aunque se cimente sobre la primera. Casi se podría cambiar todo el artificio heróico por otro tema y te queda una peli igual de sólida.

    Resumiendo, que creo que estás total e indiscutiblemente en lo cierto.

    Me gusta

  3. Buen artículo. No he entrado en detalles en Twitter por miedo a que alguien se coma un spoiler y le chafe el asunto, pero asumo que si lee el artículo y los comentarios ya va sobre aviso.

    Y si no, ESTO CONTIENE SPOILERS.

    Sin tener en cuenta a Gunn por mi parte (Prefiero pensar en las obras como entes independientes del autor), he notado lo que comentas del amor a los personajes y lo genuino de lo que cuenta en el final. Pocas (o ninguna) cosa en el MCU me ha tocado tanto la fibra como el final de esta con todo lo que gira en torno a Yondu, y no sólo porque fuera (es) mi personaje favorito, es por la forma, por el tono, por las palabras (Más precisas en VO “He may have been your father, Quill, but he wasn’t your daddy.”), por su final, y sobre todo porque es la peli sobre la familia y las formas de querer con más acción que vas a encontrar. Quizá eso forma la incapacidad que tengo por valorar la peli (Lo de si es “mejor o peor” que la primera) porque tiene cosas muy potentes aunque se cimente sobre la primera. Casi se podría cambiar todo el artificio heróico por otro tema y te queda una peli igual de sólida.

    Resumiendo, que creo que estás total e indiscutiblemente en lo cierto.

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