Hoy he terminado de leer una obra de teatro llamada Arte, de Yasmina Reza; un clásico moderno (suena a rancio, pero en este caso de verdad lo merece) muy bueno con mucha miga que morder en tan sólo cien páginas. Tanta miga, de hecho, que he acudido a los interneses a buscar críticas y ensayos  que me ayuden a afinar mi perspectiva sobre esta obra que habla de cómo nuestra perspectiva afecta a nuestra relación con el arte y con otras personas.

Las críticas que he leído me han decepcionado.

Estoy cabreado.

Las he leído en el metro, de camino a casa, y según he abierto la puerta de mi piso he ido a la habitación, me he despelotado (hace calor) y he abierto el PC para expresar por escrito mi cabreo.

La crítica a mala baba no suele ser buena idea; tampoco suele serlo escribir (o crear, ya que estamos) algo en base a que no te gusta otro algo similar. Escribir a mala baba sobre cómo no te gusta algo que otros han escrito es, por tanto, una idea de mierda, pero creo que no escribo ideas de mierda desde hace varios años y he tenido un día difícil, así que me da igual. Se avecina despotrique; aquí me limito a informaros de cuál va a ser mi punto de vista. Al final, el crítico tiene que dejar claro su punto de vista por encima de cualquier otra cosa. Así que adelante.

Arte es una obra estupenda que no os voy a reventar pero que os animo a leer; podéis conseguirla en la colección Anagrama por 14 euros y seguramente esté en muchas bibliotecas. Tres amigos del instituto se reúnen años después, uno de ellos se compra un cuadro literalmente en blanco por una millonada, otro dice que el susodicho cuadro es una mierda pinchada en un palo, se arma la de Dios, viejas rencillas explotan en caras propias y ajenas y al final se articula un argumento interesante sobre nuestro modo de relacionarnos con algunas de las cosas más importantes que nos rodean.

Dicho esto, vamos a lo que he venido a ir. Las críticas que no me gustan. No voy a enlazar a ninguna ni tampoco pienso mencionar a los que las han escrito porque no me interesa señalar con el dedo a los demás. Me interesa expresar una idea pocha que lleva tiempo royéndome las tripas, porque esta chapa que os estoy dando no viene dada por lo que acabo de leer; eso sólo ha sido un detonador.

Estoy cansado de leer frases manidas en la crítica cultural contemporánea, camaradas.

“Nos ha jodido mayo con las flores”, diréis. A nadie le gustan los “no dejará indiferente a nadie” y no soy el primero en señalarlo. Pero el tema no es tanto ése como el hecho de que esta tarde he visto emplear palabras no que no digan nada, sino que designan elementos y sensaciones que nada tienen que ver con lo que Arte es, propone o sugiere, y cuando digo “palabras” me refiero a que he leído críticas que describían a la obra que nos ocupa con los siguientes términos:

“Afilada”.

“Diagnóstico”.

“Sutil bisturí”.

“Concisa”.

“Precisa”.

“Radiografía de nuestro tiempo”.

“Precisión milimétrica”.

Y un montón más de cosas por el estilo que vienen a resumir la obra de Yasmina Reza como algo similar a una cirujana abriendo un cuerpo en completo silencio, señalando el bujero con un dedo enguantado y diciendo: “aquí está el problema” antes de volver a suturar la herida con hilo esterilizado y mano experta.

Y la obra que nos ocupa

no

es

así

pero ni de coña.

Arte no es una herramienta de precisión. Arte es un lanzacohetes en todo el pecho. Es una granada que atraviesa tu ventana y rueda hasta ti y tú tienes el tiempo justo de ver que alguien ha pintado una carita sonriente en su superficie antes de que explote y te haga puré. Estamos ante una obra que directamente propone la idea de que el que establezca su relación con una obra de arte en base únicamente a lo que ésta le aporta es un sociópata (hay un momento en el que la enfermedad se menciona casi explícitamente)… lo que significa que nos está llamando sociópatas a todos, porque todos hemos hecho eso alguna vez… Es la declaración más agresiva que una dramaturga puede plantear. Arte es la clase de obra que firmaría el Joker si el Joker pudiera sentir empatía por otros seres humanos.

Inútil hablar de concisión cuando el texto contiene tantos diálogos (aparentemente) de besugos orientados únicamente aumentar la potencia de la bomba. Absurdo hablar de precisión cuando hay tantos blancos a los que Reza quiere llenar de metralla (sí me parece adecuado, en cambio, hablar de “puntería”, porque todos los cohetes dan en el blanco). Inane, en suma, plantear una crítica seria que se base en confundir a un lunático bombardero con un frío y calculador experto en diagnósticos forenses.

Pero claro, al escribir esto yo he tenido que plantearme si no se trata simplemente de que mi percepción de la obra difiere de la de los críticos que he leído. De que ellos sí veían, con toda sinceridad, a una cirujana en la sala de operaciones. De que su perspectiva es verdadera y honesta; es decir, valiosa.

No me lo creo, porque todo lo que dicen lo he oído ya antes.

Creo que estos señores (todos son señores) han rescatado las cuatro frases que más les sonaba haber oído de otras críticas, las han envuelto en un paquete bonito, las han publicado y a tirar millas.

Insisto: esto no viene de ahora. Este arrebato de rabia (desmedido y pobremente articulado si se lo compara con otros textos del blog; normal, porque lo empecé a pensar hace una hora) se debe a que llevo mucho tiempo leyendo y escuchando los mismos ranciofacts de crítica cultural. Son especialmente numerosos en la prensa escrita, debido probablemente a que el que firma en esos medios tiene más sensación de estar en un púlpito inexpugnable (en Internet es más fácil que te llamen vago y cutre), pero uno se los encuentra en más o menos cualquier sitio. Y aquí hablo de teatro, pero pasa en todos los demás medios.

Y sabéis qué: lo entiendo. Entiendo el estado mental que te lleva a decir “bah, qué más da” y echar mano del primer lugar común que se te viene a la cabeza. Entiendo que el crítico literario diga tanto eso de “es Fulanito en estado puro”, o que en crítica teatral se hable constantemente de que las cosas “no son lo que parecen”,  o que en crítica de videojuegos haya una necesidad aparentemente patológica en referirse al “ritmo” de la obra, venga a cuento o no…

(¿Sabéis qué crítica cultural me parece menos plagada de lugares comunes? La de cómic).

Lo entiendo porque he estado ahí, y vosotros lo entenderéis porque seguro que también. Porque a veces no da tiempo o no hay ganas o no le ves buena relación coste-beneficio y piensas, fuck it, y sueltas una frase manoseada que escuchaste en otra parte y te sonó bien. “El cine es esculpir en el tiempo”, dije yo una vez, hablando de una peli que ni recuerdo. Es el título de un libro de Andrei Tarkovski. ¿Me lo había leído? No. ¿Entendía a qué se refiere el cineasta ruso cuando hablaba en esos términos? No. ¿Era esa frase adecuada para el argumento que pretendía yo ensamblar? No.

¿Me esforcé a la hora de plasmar mis pensamientos en palabras?

No.

¿Quería quedar bien ante la que me escuchaba (era una mujer, ja, ja) sin esforzarme mucho?

Sí.

Porque supongo que es lo normal. Porque hay veces en las que apetece tomar atajos. Recurrir a lugares comunes. Esgrimir palabras, metáforas e ideas que son sólo carrocería, no motor. A veces apetece poner tu cochazo en un expositor y fardar de él, aunque por dentro no tenga maquinaria y por tanto no pueda llevar a nadie a ninguna parte. Aunque no cumpla su función.

Pero joder, y con esto pongo fin a esta perorata-tiro a bocajarro que llevo ya una hora escribiendo, esforzarse no cuesta tanto.

Esforcémonos. Que no cuesta tanto.

La única crítica de Arte que enlazaré aquí no es una crítica, sino un comentario hecho por Miguel del Arco, director de teatro y dramaturgo, para El Confidencial. Del Arco es un director cojonudo que ahora ha puesto en las salas de Madrid esta obra, por si os interesa, y se refiere a ella como “una carga de profundidad”. Puedo estar más o menos de acuerdo con lo que dice de la obra, pero ahí lo clava. Arte no hiere, ni explora, ni diagnostica. Arte te explota en la cara. Supongo que estas cosas son más sencillas de captar para alguien que sabe de lo que habla porque hace lo que habla, pero eso no es obstáculo para que los que miramos y comentamos la jugada nos lo curremos un poquito más.

Y chimpún.

Por cierto, voy a darle al botón de publicar estando aún en pelotas. Pensad en ello.

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Un comentario en “El post en el que despotrico de manera imprecisa y aleatoria sobre la abundancia de lugares comunes en la crítica cultural contemporánea

  1. Excelente artículo, hombre desnudo (sigues desnudo?), creo que has dicho algo muy valioso, que la crítica tiene que esforzarse, que no hay que conformarse con “cumplir”.

    Recuerdo el BOOM de Undertale, hace un par de años (¿Joder, ya?
    Como vuela el tiempo). Para los que no lo conocen, es un juegico indie muy cuco que alcanzo una popularidad abrumadora, uno de esos casos en los que el público… la crítica… todo el mundo señala con el dedo y grita “Obra Maestra”.

    El juego me llegó, mucho, porque trata muchos temas que como jugador de videojuegos me afectaban de forma personal, pero no conseguía explicarme a mi mismo donde estaba la magia, el ingrediente secreto. Busque críticas en las redes, cosa que no suelo hacer con los videojuegos, a ver si encontraba a alguien que pudiera poner voz a mis pensamientos. Me encontré con cosas del palo: “Obra Maestra”, “Imprescindible”, “El Ciudadano Kane de los videojuegos”(je)… Todos hablando de lo bueno que era y lo gracioso que es y como lloraron con el final y… Y yo seguía igual. Así que tras mucha paja, me encuentro con esto: https://gamebias.wordpress.com/2015/12/16/undertale-review-progressively-pointless/

    Son seis párrafos en los que Jed Pressgrove destroza el juego sin piedad, saca la trituradora y no deja títere con cabeza. Mecánicas, influencias, tono, diseño… En cada párrafo coge una de ellas y la machaca sin piedad, para pasar rápidamente a la siguiente víctima.

    Recuerdo que la sangre me hervía a medida que iba leyendo, “como se atrevía este señor a tachar esta pequeña joya como una copia barata y cutre de Earthbound?” “Cómo puede llamar infantil a un juego tan profundo?” Me pasé horas cagándome en sus muertos y escribiendo en un comentario muy largo por qué estaba equivocado. Y de repente me di cuenta que ya había entendido por qué me había capturado Undertale.

    Creo que esta tendencia en la crítica nace tanto de la pereza como del miedo. Del miedo a que un señor del internete te grite que tu opinion es caca y tu madre está gorda. La crítica realmente valiosa es la que te hace pensar, la que te ayuda a reinterpretar la obra que critica, la que desafía tu criterio como lector/jugador/lo que sea. Por eso sigo a críticos con los que a menudo estoy muy en desacuerdo (si, te miro a tí Lapresa) pero que siempre tratan de aportar algo nuevo al debate.

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