NOTA OBVIA: Aquí hay obvios spoilers. Obviamente. No leáis este artículo si no habéis visto la película. Habéis quedado avisados.

La muerte más predecible de Infinity War ha resultado ser la que más me ha torcido el culo. Esperaba muchas cosas del final de Visión, pero no que lo usaran para construir el discurso menos predecible que podría tener una película que versa sobre la moralidad de un sacrificio:

Que el sacrificio, y concretamente la idea del sacrificio “necesario”, es algo fundamentalmente inmoral.

Repasad otra vez la escena. Recordadla. Prestad atención no sólo a lo que ocurre, sino a cómo. Observad cómo le matan, observad luego cómo le vuelven a matar… y comparad el lenguaje cinematogáfico mediante el que se construyen ambos momentos. Porque la escena que todos conocemos, la que nos suena de antes y la que todos encontramos razonable, es la inicial. La del “sacrificio heroico”. Wanda destruye a Visión entre lágrimas, a cámara lenta, envuelta en un halo de música épica, consolada por palabras hermosas pronunciadas en primer plano y arropada por una línea argumental que convierte su decisión en algo justo e inevitable. Cuando la Piedra de la Mente estalla, lo hace de la manera más satisfactoria posible: la que hace suspirar de alivio al espectador. “Menos mal”, piensa uno. “Lo ha conseguido”.

Entonces, Thanos rebobina el tiempo y, sin música ni cámara lenta ni hostias en vinagre que valgan, le arranca la Piedra de la cabeza, mostrando todos los cables pelados saliendo del seso, mientras los pies de la víctima quedan colgando a medio metro del suelo como si fuera un cerdo en un matadero. Y luego, gana.

El sacrificio heroico de Visión no sirve para nada, y Thanos gana.

Joder.

El cortocircuito que sufrí entonces fue considerable, porque se trataba de un mensaje muy claro: “los sacrificios heroicos no sirven para nada”. Inmediatamente (y como buenamente pude, porque Peter Parker estaba desintegrándose en una pantalla de diez metros de altura mientras lo hacía) repasé las demás ocasiones en las que la idea de acabar con una vida para salvar muchas había sido puesta sobre la mesa a lo largo de la película, y me encontré con que la cosa había estado clara desde el principio: todas las decisiones de sacrificar a otro en aras del bien mayor se plantean como equivocadas.

La secuencia que me despistó fue la de Star-Lord, Gamora y Thanos en la guarida del Coleccionista, porque no me di cuenta de que Peter Quill, a la hora de la verdad, sí aprieta el gatillo. Se trata de un momento semióticamente determinante que no se subraya demasiado (una constante en la obra de los Russo, como ya quedó claro en su anterior film), pero la culpa la tuve yo por no prestar atención: todo estaba ya ahí, como una de esos objetos que son tan grandes y visibles que, al buscarlos, no los llegas a ver. Quill dispara a Gamora, y eso no sirve para nada. La película se posicionó al respecto de su conflicto principal en ese instante; el que determina que la elección de una vida a cambio de muchas es “La Elección Equivocada”.

“Si dependiera de mí elegir entre su vida o la del niño y la Piedra, señor Stark, mi decisión sería clara”. La frase me pareció un poco incoherente con un Stephen Strange que afeó en su día a Mordo su incapacidad de usar la imaginación para salirse del molde de “el fin justifica los medios”, pero pensé que se trataba de un desvío necesario para subrayar lo que creía que era la tesis central del film: que el sacrificio sí es necesario. ¿Cómo no pensarlo? Es algo que siempre nos han enseñado. Es la filosofía central del señor Spock, hombre: “las necesidades de muchos se anteponen a las necesidades de pocos”. Estamos bien adiestrados para entender la bondad inherente del bien mayor. Pero la cosa acabó siendo muy diferente a como yo había sido condicionado a creer, porque Stephen se equivocaba; y la diferencia entre él y todos los demás personajes de la película que abogan por el mal necesario, Thanos incluido, es que acaba dándose cuenta de que sacrificar a X para salvar a Y cuando X suma menos unidades que Y es la elección equivocada.

Por eso le entrega la Piedra del Tiempo a Thanos, yendo totalmente en contra de lo que dijo antes que haría y sabiendo gracias a sus visiones de futuro el genocidio que iba a tener lugar después. Lo hace porque ha visto que la respuesta correcta no es vencerle (conclusión, también equivocada y totalmente ineficaz, a la que llegan Thor, Tony y Steve Rogers). La respuesta correcta, y esto lo veremos en la próxima entrega, es conseguir que Thanos entienda la auténtica tesis central que vertebra la película de la que él es protagonista:

“Creer en el sacrificio necesario lleva a perderlo todo”.

El objetivo de Thanos me gusta mucho porque tiene una peculiaridad muy útil para cualquier guionista: es monstruoso de manera autoevidente. No hace falta que nadie explique por qué, ya que se trata de una verdad axiomática para la mayoría de los seres humanos: “el asesinato en masa está mal”. Pero basta escarbar un poco para darse cuenta de que la diferencia entre el mal necesario que propone Thanos y el que propone Gamora es únicamente matemática. En lo que a moral se refiere, la misma cosa es. Thanos sólo quiere salvar a un número mayor de personas en base a un coste numéricamente superior. La elección correcta, entendida como un resultado positivo en una tabla de Excel. Pero la cultura popular siempre nos ha enseñado que la respuesta correcta es el sacrificio individual. Nos ha educado para aceptar el dilema de las vías del tren como un arquetipo cuya decisión no es tal. Infinity War lo sabe. Y se aprovecha de ello.

Volviendo al plan de Stephen, es muy importante señalar un detalle que es fácil pasar por alto: habría sido sencillo idear un plan en el que los héroes lograsen arrebatarle el guantelete a Thanos. Estaban a punto de lograrlo, y lo habrían hecho de no ser por Peter Quill. Esto es algo que Stephen tuvo que ver, y alguna de las catorce millones de probabilidades que oteó en el futuro incluiría alguna manera de alejar al único elemento disruptor del plan en el momento adecuado para evitar la derrota. Podrían haberle dicho que parte de la estrategia consistía en alejarse durante el tramo final, o haberle enviado con un portal a Neptuno antes de que perdiera los estribos, o cualquier cosa salvo dejar que lo estropease todo. Stephen podría haber previsto esto como predijo toda la contienda anterior, pero eligió la muerte a sabiendas y de manera inequívoca. Se lo dijo a Tony Stark con total claridad: “es la única manera”.

No es de extrañar que sea él quien lo haya entendido; de entre todos los héroes de Marvel Studios, el Doctor Extraño es el único que conoce el valor potencialmente positivo del fracaso y la pérdida. Lo dijo de manera textual al final de su propia película: “no puedo ganar, pero puedo perder, una y otra vez, para siempre… y eso te convierte en mi prisionero”. No es casual que sea él quien se oponga a un Thanos que comienza la película con esta frase: “sé lo que es perder”. Está claro que cree saberlo, pero, ¿es así de verdad?

¿Por qué la película termina con un primer plano de Thanos? ¿Por qué parece contento de manera tan forzada e incómoda, como si hubiera imaginado su victoria de manera diferente, mientras la cámara le enfoca durante un segundo más de lo que debería? ¿Por qué dijo que la victoria le había costado “todo”?

¿Por qué el tradicional letrero del final de los créditos no reza “Los Vengadores volverán”, sino “Thanos volverá”?

Una película, o al menos una de estas características, tiene dos misiones: hacerte sentir algo, y construir un significado coherente y valioso en base a ese sentimiento. La primera misión es obligatoria, y la mayoría de las películas se conforman con hacerte sentir bien (algo más que digno y en absoluto fácil de lograr). Infinity War, como ya sabemos todos, no te hace sentir bien. Lo normal es que uno salga del cine sin ser muy capaz de mover los músculos de la cara. Muchos lloran, otros se quedan callados; una gran parte de los espectadores no quedará demasiado conmovida, claro, pero al menos será capaz de captar el regusto. De percibir la amargura y (atención) la insatisfacción. El film hace todo lo posible para que te sientas no ya triste, sino derrotado, incompleto y frustrado; incluso los créditos finales son simples letras blancas sobre fondo negro en vez de los habituales montajes de colores que hay en todas las demás películas.

Infinity War es el relato de una derrota física y moral que afecta a todos sus personajes, Thanos incluido. El monstruo que vemos sonreír al sol antes de que la pantalla corte a  negro no está satisfecho. No es feliz. No ha conseguido nada, porque el sacrificio que propone también es inútil.

“Esto ha sido inútil. Esto está mal. Toda esta línea de pensamiento, independientemente de su escala, está mal”. Si sientes esto (incluso si no traduces ese sentimiento a pensamientos como el mío, que no deja de ser una propuesta intelectual más) es porque la película lo  quiere. Y ahora es cuando toca hablar de otro detalle que quizá os sorprenda o quizá no…

Todo esto ya lo dijo Age of Ultron.

No os voy a culpar si lo habéis olvidado porque reconozco que esa película me importa más de lo que una persona razonable de Internet juzgaría conveniente, pero mi conocimiento obsesivo del guión de Ultron incluye el siguiente intercambio entre Steve y Nat:

Steve: Stark, ¿alguna idea?

Tony: Ninguna genial. Quizá pueda volar la ciudad. Podría evitar que llegue a impactar en la superficie si lográis salir a tiempo.

Steve: Te he pedido una solución, no un plan de escape.

Tony: Ya, pero el radio de impacto se hace más grande a cada segundo que pasa. Vamos a tener que elegir.

Natasha: Capi, esta gente no va a ir a ninguna parte. Si Stark encuentra la manera de volar esta roca…

Steve: No hasta que todo el mundo esté a salvo.                  

Natasha: ¿Las vidas de todos los de aquí arriba contra las vidas de todos los de ahí abajo? No me salen las cuentas.

Steve: No me voy a ir de aquí mientras quede un solo civil.

Nat: Yo no he dicho que debamos irnos.

Es el mismo planteamiento. La misma discusión y el mismo dilema: la vida de muchos a cambio de la vida de menos, y en ambas películas Steve Rogers se opone tajantemente porque qué otra cosa va a hacer. La diferencia, no obstante, reside en que Age of Ultron hace lo que todas las películas de superhéroes (qué coño… lo que hace el 99% de la ficción universal, incluidas novelas sesudas para gente lista): ofrecer a los héroes una realidad plausible que permita reafirmar sin esfuerzo moral la postura ética a defender. En esa ocasión, Nick Fury llega al rescate y la elección deja de ser tal porque todos acaban viviendo felices y comiendo perdices. Basta con dejar clara cuál es la “opción correcta”. No hace falta demostrarla. Todo un clásico, y en absoluto un problema porque no perdamos de vista que toda narración es invención y conveniencia en base a un propósito.

Pero no deja de ser demasiada casualidad que esto pase siempre. Que la elección correcta sea factible en un 100% de ocasiones. La rectitud moral de Steve Rogers siempre ha sido recompensada (recordad que Civil War castiga no su inflexibilidad, sino su hipocresía y su mentira), y ha sido siempre porque eso era lo que convenía a sus autores.

Pero no dejo de pensar en este otro intercambio, también de Age of Ultron:

Tony: ¿Cómo pensáis hacer frente a algo así?

Steve: Juntos.

Tony: Perderemos.

Steve: Pues también lo haremos juntos.

Y mirad, incluso entonces, por mucho que yo quiera a Steve y admire el ideal noble que esboza su personaje, en ese momento no pude sino pensar: “pero, mamón, ¿ése es tu plan?” No llegué a plantearlo como nada más que esa respuesta graciosa, pero tenía la clave delante de mis narices: Steve puede decir eso porque vive en una película a la que le conviene que aparezca Nick Fury a deshacer la decisión dura a tomar, pero, ¿qué le pasará cuando le toque una diferente?

Lo que le pasa en Infinity War: que lo único que acierta a decir, postrado ante el espacio vacío en el que se ha desintegrado su mejor amigo, es un patético y nada heroico “oh, Dios”.

Felicidades, Rogers. Al final, perdisteis juntos.

Resulta que esa también era la respuesta equivocada.

El Capitán América no es el único que opta por la opción B; Thor también se niega a aceptar un sacrificio y piensa que la clave de la victoria es un arma potente que pueda poner fin a la amenaza mediante la violencia. Tony, esclavo de su necesidad constante de prevenir todo mal y solucionar toda papeleta, también reniega de cualquier solución que no implique una victoria a la antigua usanza. Lo cierto es que hay tres líneas de pensamiento en la película: la que apuesta por el mal necesario, la que reniega de él en base al axioma moral de que “no se intercambian vidas”… y la de Stephen Strange, que aún desconocemos. Pero que me puedo atrever a intuir.

Hay un diálogo en Infinity War que no se cuenta entre los más memorables del film pero que podría contener parte de la clave de la última entrega, a estrenar en mayo de 2019: la discusión entre Visión y Steve Rogers. Uno cree que destruir la Piedra junto con él mismo es la solución (error), mientras que otro afirma que defender la Piedra y luchar hasta el final es la respuesta correcta (también error). En medio del debate, Visión le pregunta a Steve que qué tiene de diferente lo que él propone con lo que el insigne Capitán América hizo al estrellar aquel avión en el agua durante la Segunda Guerra Mundial. Bruce Banner le replica que la diferencia es que él sí tiene una alternativa… pero todos sabemos que eso no es cierto. Entonces, ¿qué implica esto no ya para los sacrificios hechos en esta película, sino en los de todas las demás?

¿Sabíais que los guionistas de Infinity War y los de El Primer Vengador son las mismas personas: Christopher Markus y Stephen McFeely?

Ya he hablado mucho, y sólo me queda por expresarme acerca de una cosa más: cómo acabará todo esto. Antes he sugerido que la solución pasará no por la violencia o por cambiar la línea temporal (aunque seguramente eso sea lo primero que Tony intente), sino por hacer que Thanos cambie de parecer; es decir, que entienda lo que Infinity War quiere decir al espectador. Esto son sólo conjeturas, claro, y quién sabe cómo terminará la cosa, pero hay algo de lo que estoy bastante seguro: nadie va a sacrificar su vida por nadie.

Digo esto porque ya he leído a varias personas afirmar que Tony o Steve darán su vida para arreglar todo el desaguisado, esgrimiendo como argumento que “los contratos de los actores se terminan” (¿¿??) o que “sería como cuando Steve se lanzó sobre la granada o como cuando Tony se metió en el agujero de gusano” (pasando por alto que la clave de esas escenas es que fue una buena cosa que los personajes… no murieran en ellas). Creo que las 2.500 palabras que preceden a este párrafo han dejado lo bastante claro por qué eso no va a ocurrir. Iría totalmente en contra de lo que estas películas han afirmado hasta ahora. No hay discusión admisible que se sostenga mediante argumentos. Sí, quizá sí acabe pasando, pero sería un error enorme por parte de todo el equipo creativo. No veo indicios, por fortuna, de que vayan a cometerlo.

Así pues, finiquitemos ya el asunto. Infinity War va de que el sacrificio de vidas es una puta mierda en cualquier escenario, y su secuela tendrá que llevar esa tesis a alguna parte. Obviamente tendrá que arreglar todo este desbarajuste porque de qué van a permanecer muertos Peter, T’Challa y Stephen (por cierto: ridículas las quejas de que sus muertes no tienen impacto emocional porque “sabemos que van a volver”. El impacto está, como bien sabía Nick Fury en Age of Ultron, en lo que sienten los que no mueren); la cuestión es cómo. Mi predicción, basada en poco más que una intuición personal altamente falible: habrá viajes en el tiempo y alteraciones de la línea temporal que se revelarán como insuficientes para desjoder el entuerto, Thanos acabará cambiando de idea, esto será la clave de todo y al final Tony Stark se casará de una puta vez con Pepper Potts delante de la totalidad de los personajes ahora disponibles en el MCU. Todo salvo uno: Steve Rogers, que habrá permanecido en su época original para, ahora sí, llegar a tiempo a su cita con Peggy Carter.

¿Que por qué? Como he dicho, por simple intuición. No tengo claro que vaya a pasar de verdad. Quizá no tenga sentido que pase. Quizá sea problemático y hasta incoherente (ja, ¿qué ocurriría con Sharon Carter?). Pero no veo otro final más coherente para un hombre que no puede dejar de luchar… y no estaría mal que el primer sacrificio heroico que se hizo en la historia del MCU fuera el último que se deshiciera.

En 2015, los cómics Marvel celebraron uno de los eventos más importantes de la época reciente: Secret Wars, una historia épica en la que todos los superhéroes de la editorial se reúnen para luchar contra un Dios viviente y contra el fin de toda la realidad. Esa historia empezaba con unas palabras ominosas que se repitieron durante mucho tiempo, a lo largo de muchos números: “todo muere”. Sólo al final, en la ultimísima viñeta del último número de la serie, fue cuando esas palabras se convirtieron en otra cosa. En una nueva frase que se tradujo en toda una declaración de intenciones por parte de la compañía:

Todo vive”.

Aunque os pueda parecer ñoño, creo que, en esta ocasión, el final lógico es el final feliz. Ojalá Vengadores 4 también termine con un primer plano de Thanos sonriendo. Y ojalá, esta vez, la sonrisa sea de auténtica satisfacción.

Habrán pasado 11 años. Creo que todos nos mereceremos un poco de eso.

 

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4 comentarios en “Infinity War y el inesperado discurso del sacrificio inmoral

  1. Qué gusto de artículo y de argumentación. Es curioso porque salí del cine con la sensación de que la solución para arreglar lo que había hecho Thanos era que Thanos debía querer desistir de su plan. Sólo él, completamente convencido de que su plan era incorrecto, era el que podía deshacerlo y que Strange lo había visto. Strange sabe que por la fuerza sería imposible derrotarlo y, aunque le quitaran el guantelete, se las apañaría para recuperarlo o para seguir destruyendo el universo. Así que la única solución es NO vencer a Thanos, sino convencerlo. Ahí creo que Gamora tendrá un papel principalísimo que entroncará con el mensaje que tienen más o menos de fondo las últimas películas de Marvel (y de Disney): la familia, natural o creada con el tiempo, y las relaciones personales que creamos son lo que realmente puede salvarnos de todo.
    Y creo que es un mensaje bonito 🙂

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  2. Wow, es la primera vez que te leo y genial artículo. Aquí tienes un lector más.

    Sólo hay una cosa con la qué no estoy de acuerdo :

    “Felicidades, Rogers. Al final, perdisteis juntos.”

    Realmente no. Realmente pierden por no estar juntos. Quiero decir, casi le arrebatan el guantelete a Thanos entre Tony, Peter, Doc y los Guardianes, y se acababan de conocer. Si el grupo de Vengadores hubiese estado unido, habrían ganado a Thanos. Pierden, pero pierden por separado. El famoso “united we stand, divided we fall”.

    Un saludo.

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