Lucia Berlin dice la verdad, y por eso debéis leerla

Escribo esto asumiendo que no sabéis quién es Lucia Berlin (pronunciado Lúsia Bérlin) y que os hace falta leerla, lo que me pone en un brete bien gordo porque la grandeza de esta mujer es irresumible. Puedo poner varios ejemplos u ofrecer kilo y medio de razones por las que Manual para mujeres de limpieza (recopilación de sus mejores cuentos llevada a cabo por Alfaguara) es imprescindible y de hecho lo haré, pero ni va a bastar ni, supongo, va a convencer al que no se fíe de mí, así que lo dicho: un marrón. ¿Que por qué Berlin escribe Bien con B mayúscula? Porque dice la verdad, y creo que ése es el único resumen auténtico que se puede hacer de su obra.

El asunto de la “verdad” es bastante jodido porque es a) el núcleo absoluto del arte, y b) una palabra muy dada a que la tergiversen para decir gilipolleces. En el arte y en general. Es muy fácil hacer cabriolas con la semántica para convertir frases como “el escritor ha de ser sincero” en bombas de racimo con cuarenta significados diferentes, lo que significa que solemos abordar la conversación sabiendo de qué hay que hablar pero no en qué términos. ¿Qué es “decir la verdad”? Para mí, consiste en tener un ancla clara en la realidad, entendida ésta como experiencia personal.

¿Es esto una gilipollez de las que he hablado antes? Posiblemente. ¿Nos ayuda a dejar claro por dónde voy? Lo bastante, imagino, así que sigamos por aquí.

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Batman v Superman: La Gran Superproducción

Hoy hace un año del estreno de Batman v Superman: El Amanecer de la Justicia. Con motivo de tan señalada fecha, me decido a sacar a la luz imágenes en exclusiva de la premiere del film, evento que reunió a todo el equipo artístico responsable de esta obra magna del género.

Así fue la primera proyección pública de BvS:

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Logan nos miente y a nosotros nos da igual

NOTA: este texto incluye spoilers muy grandes de Logan. No leer a menos que ya hayáis visto la película.

Hay que ir con cuidado a la hora de criticar algo que gusta a mucha gente. No sólo por simple etiqueta, sino porque nos metemos en el peliagudo reino del “por qué escribes lo que escribes”. Que para qué vas a meterte con algo que ha funcionado con su público objetivo de manera tangible y demostrable, vaya. ¿Tiene sentido afirmar que algo es malo/tiene problemas/no funciona/Lisa necesita un aparato cuando Rotten Tomatoes parece certificar que no es el caso? La respuesta viene dada por los motivos que te lleven a expresar tu desagrado y, atención, por tu estimación de si esos motivos son de peso. En resumen: que criticar algo “objetivamente bueno”, guay, pero siempre desde la intención de ayudar.

De todos modos, hacer esto siempre te aboca a decir alguna variación de “esto que te gusta no es tan bueno como crees”; es decir, un marrón importante para cualquier comunicador. Pero heme aquí, escribiendo esto, con la intención de deciros algo que quizá os ayude. Aunque sea difícil.

Mi intención es explicaros por qué Logan os ha mentido a la cara.

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El problema de Mass Effect es que nadie te dijo que el autor de Mass Effect eras tú

NOTA: aquí se desvelan detalles importantes sobre el final de Mass Effect 3.

Éste no es un artículo sobre el final de Mass Effect 3 al uso.

Con esto no quiero decir que las opiniones ya vertidas sobre el tema sean malas o aburridas (pocos debates ha habido más interesantes que éste en el medio), sino porque no me interesa posicionarme sobre si se trata de un buen o mal final. Yo creo que sí, otros creen que no y ambas posturas son perfectamente comprensibles porque se basan en la misma cosa. Y de eso quiero hablar yo.

Porque hay videojuegos en los que el jugador controla la parte más importante del proceso artístico… y nadie lo dice. Porque nadie ha sido informado de ello.

Para transmitir bien lo que quiero transmitir hace falta kilo y medio de prolegómenos, ya que si nos metemos en el meollo del asunto sin herramientas comunes de raciocinio vamos a acabar con roces y no de los que hacen el cariño. Que es, por cierto, lo que le pasó a Bioware con el final de Mass Effect; asumieron que su público compartía la misma información que tenían ellos, y/o dieron por sentado que la gente iba a jugar su historia “de la manera correcta”. Lo cual es tan encomiable como temerario. Se armó un Cristo importante, como supongo que ya sabéis. El final de ME3 es como las lentejas si las lentejas fueran Tierra Santa en la era de las cruzadas, y lo divertido es que estamos ante uno de los pocos debates en los que ambos bandos tienen legítimas razones para sentirse como se sienten.

Así que vamos a hablar de escritura. Que nos hace falta. Pero antes vamos a empezar con otra cosa. Con una historia personal.

Os voy a contar la historia de mi personaje en Mass Effect.

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Sobre la nueva Telepizza de Kit-Kat y el estado de nuestra maltrecha alma

Telepizza ha hecho una pizza de Kit-Kat y me parece que no sois conscientes de lo que eso implica.

Veréis, el caso es que entiendo perfectamente por qué estas ideas consiguen un mínimo de tracción inicial: al principio, tiene gracia. Todo esto empezó con dos CM de Twitter sugiriendo la clase de iniciativa que uno tiene en un botellón a la una y media de la mañana; o quizá estaba preparado y la idea surgió en un despacho, varias semanas antes, da lo mismo.  Lo cierto es que dos o más personas pensaron que una mala idea era una buena idea, y esto es algo normal y humano. Es hasta saludable. Incluso se puede llegar a poner en práctica si tienes tiempo libre y ganas de enmarranar tu cocina. Está bien. De verdad. Yo lo he hecho, vosotros también y si no creo que deberíais probar.

Pero esto va más allá de todo eso. Esto es una iniciativa seria desarrollada por dos grandes empresas de ámbito nacional, y querría que entendiéramos bien que eso es algo que está moral, jurídica y bíblicamente Mal.

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Por qué Los del Túnel es una de las mejores comedias que he visto en los últimos años

Los del túnel

“Las buenas películas tienen arcos de personaje”.

Este consejo para escritores es, junto a “hay que seguir la estructura de tres actos” y “escribe lo que sabes”,  uno de los más dañinos que existen para novatos y veteranos por igual. No por ser un mal consejo en sí, sino porque se tiende a ver como una herramienta en vez de cómo lo que es: un titular que resume lo irresumible. No es cierto que una buena historia tenga que hacer cambiar a los personajes, sino que las buenas historias tienen, en sí mismas, el cambio de estatus quo como base de su narrativa y que lo más normal es que ese cambio se articule mediante cambios en los propios personajes (que, de forma ideal, articulan la trama). Pero no hace falta. Hay grandísimas historias que se centran en personas que no cambian un carajo; lo que pasa es que no abundan. Porque no son “lo que hay que hacer”.

Lo que significa que Los del túnel es una pequeña joya.

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Dirigir la dirección: analizo la persecución del Halcón Milenario en El Despertar de la Fuerza

El Despertar de la Fuerza es una de esas películas que funciona como una montaña rusa.

Cuando digo “una de esas películas” me refiero a que hay una larga tradición en el cine, y particularmente en el cine americano de alto presupuesto, de ofrecer montañas rusas al espectador. Entendidas éstas como “experiencias”. Desde el primer Steven Spielberg hasta Piratas del Caribe (película literalmente inspirada en una montaña rusa real), esta tradición típica de Hollywood es tan vilipendiada por la crítica sesuda como esencial para el cinéfilo… dado que las películas que lo hacen bien son precisamente las que crean cinéfilos.

No hablo a la ligera cuando digo “vilipendiada”, porque las montañas rusas hollywoodienses son el comodín fácil para parecer más listo al hablar de cine. Hay incluso un ciclo: se empieza adorando a Spielberg, luego se le desprecia por vacuo o simple y, si se tiene suerte, se acaba entendiendo que hacer montañas rusas en condiciones es muy, muy difícil. No sólo por cuestión de presupuesto, sino porque la “set piece de acción” (eslabón principal de esta clase de obras) es algo que no todo el mundo puede dirigir como Dios manda.

J. J. Abrams sabe dirigirlas como Dios manda.

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El futuro de la comedia española está en el mono de los Chococrispis

El problema inherente a analizar cualquier forma de humor es que uno se ve obligado a explicar el chiste, y nadie quiere ser “el que explica el chiste”. He leído varios textos muy interesantes sobre la teoría subyacente a hacer coñas, y todos sufren por ello. El resultado es que se habla poco del humor y que, por tanto, solemos pensar que “gracioso” es algo que se es, y no algo que se crea.

Pero, ¿y si no pasara nada por explicar el chiste porque no hay chiste?

Que hay que currárselo más. Mucho más. Y que, por desgracia, a veces es directamente imposible. Fue lo que me ocurrió durante la pasada Nochebuena, cuando tuve la feliz idea de explicarle a mis sexagenarias madre y tía quién era él, el Chocu.

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Hablemos de líneas rojas y de la música audiovisual en Sherlock

NOTA: A la hora de publicar esto, NO he visto ni un episodio de la temporada 4 de Sherlock.

Este artículo no versa sobre lo gilipollas que es Steven Moffat.

Pero merece la pena señalarlo. Steven Moffat, showrunner de Sherlock, es un gilipollas. Si queréis averiguar por qué, aquí tenéis un artículo, y otro más, y hasta un Tumblr dedicado a la crónica de sus gilipolleces. Para los que no quieran leer: el buen hombre es un poquillo misógino, un poquillo homófobo y un poquillo cretino en general, y esto no sienta bien a mucha gente porque a mucha gente no le sientan bien los misóginos homófobos cretinos. ¿Qué por qué merece la pena señalarlo? Porque la discusión sobre la serie Sherlock está totalmente dominada por su problemática figura, hasta el punto de que no mencionarle en este artículo equivaldría a ser deliberadamente obtuso.

Y es una pena, porque Sherlock es una serie encomiable.

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Rogue One y el valor del genio limitado

Hablar de cine es dificilillo.

No porque el medio en sí mismo opere a niveles intelectualmente más elevados que, digamos, una novela o un cómic, sino porque las películas no tienen autor. No en el sentido estricto de “persona que ha hecho todo el trabajo”. Las películas son siempre (siempre, incluso si son cortos patateros hechos en primero de carrera) trabajos colaborativos en los que están implicadas muchas personas, todas ellas indispensables en mayor o menor medida y todas involucradas en la dirección de la obra. En sus intenciones artísticas.

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