Sobre la nueva Telepizza de Kit-Kat y el estado de nuestra maltrecha alma

Telepizza ha hecho una pizza de Kit-Kat y me parece que no sois conscientes de lo que eso implica.

Veréis, el caso es que entiendo perfectamente por qué estas ideas consiguen un mínimo de tracción inicial: al principio, tiene gracia. Todo esto empezó con dos CM de Twitter sugiriendo la clase de iniciativa que uno tiene en un botellón a la una y media de la mañana; o quizá estaba preparado y la idea surgió en un despacho, varias semanas antes, da lo mismo.  Lo cierto es que dos o más personas pensaron que una mala idea era una buena idea, y esto es algo normal y humano. Es hasta saludable. Incluso se puede llegar a poner en práctica si tienes tiempo libre y ganas de enmarranar tu cocina. Está bien. De verdad. Yo lo he hecho, vosotros también y si no creo que deberíais probar.

Pero esto va más allá de todo eso. Esto es una iniciativa seria desarrollada por dos grandes empresas de ámbito nacional, y querría que entendiéramos bien que eso es algo que está moral, jurídica y bíblicamente Mal.

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