Tan sólo cinco 5 lecturas interesantes para aspirantes a autores de ficción

Pues sí, el título habla por sí mismo: os quiero hablar de cinco libros cojonudos escritos por cinco personas cojonudas que os serán de gran utilidad a la hora de crear novelas, series, películas, videojuegos, obras de teatro o cualquier cosa que tenga que ver con el arte de la ficción.

Esto no es una lista, aunque (como veréis más adelante) sí establece cierta jerarquía. Tampoco constituye una declaración definitiva de Esto Es Lo Bueno Y Lo Demás Apesta, porque tal cosa no ayudó, ayuda ni ayudará jamás a nadie. Sólo son sugerencias; sólo cinco (en realidad seis) libros que me han ayudado, estimulado y potenciado como persona aficionada a estas cosas. Incluyo enlaces para comprarlos: recomiendo encarecidamente leerlos en el idioma original si os es posible, más que nada porque es el único idioma que leí yo e ignoro si las traducciones están a la altura.

Sin más dilación, pasamos al primero.

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Juego de Tronos y la naturaleza limitada del poder

NOTA: Aquí se desvelan detalles de la serie hasta el final de la séptima temporada.

Mi escena favorita de Juego de Tronos es una que comparten Cersei Lannister y Meñique en la segunda temporada de la serie. Si estás leyendo esto lo más probable es que ya la hayas visto, pero yo por si acaso me permito resumirla: Cersei y Meñique hablan de intrigas para luego hablar de sí mismos, ella le mete una puya personal, él contraataca dando a entender que está al corriente de que juega al pilla pilla con su hermano y luego añade, satisfecho:

—El conocimiento es poder.

Cersei responde ordenando a sus guardias que lo maten ahí mismo sólo para cambiar de idea en el último segundo y, cuando un Meñique con los huevos por corbata le dirige una mirada asesina, ella replica:

—El poder es el poder.

Diría que ése fue el momento en el que me di cuenta de qué clase de contenido temático estaba manejando la serie, pero sería mentira: mi yo de entonces no repararía en estas cosas hasta unos años más tarde, pero el caso es que este intercambio tan sencillo me llamó la atención de una manera primitiva e inarticulada. Ahí había algo, pero aún no sabía expresar el qué. No es para menos, porque este momento constituía un microcosmos de la clase de argumento que Juego de Tronos trataba (y aún trata) de articular respecto a su tema principal: la naturaleza limitada del poder.

Veamos si he aprendido algo desde entonces.

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