Sobre la nueva Telepizza de Kit-Kat y el estado de nuestra maltrecha alma

Telepizza ha hecho una pizza de Kit-Kat y me parece que no sois conscientes de lo que eso implica.

Veréis, el caso es que entiendo perfectamente por qué estas ideas consiguen un mínimo de tracción inicial: al principio, tiene gracia. Todo esto empezó con dos CM de Twitter sugiriendo la clase de iniciativa que uno tiene en un botellón a la una y media de la mañana; o quizá estaba preparado y la idea surgió en un despacho, varias semanas antes, da lo mismo.  Lo cierto es que dos o más personas pensaron que una mala idea era una buena idea, y esto es algo normal y humano. Es hasta saludable. Incluso se puede llegar a poner en práctica si tienes tiempo libre y ganas de enmarranar tu cocina. Está bien. De verdad. Yo lo he hecho, vosotros también y si no creo que deberíais probar.

Pero esto va más allá de todo eso. Esto es una iniciativa seria desarrollada por dos grandes empresas de ámbito nacional, y querría que entendiéramos bien que eso es algo que está moral, jurídica y bíblicamente Mal.

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Por qué Los del Túnel es una de las mejores comedias que he visto en los últimos años

Los del túnel

“Las buenas películas tienen arcos de personaje”.

Este consejo para escritores es, junto a “hay que seguir la estructura de tres actos” y “escribe lo que sabes”,  uno de los más dañinos que existen para novatos y veteranos por igual. No por ser un mal consejo en sí, sino porque se tiende a ver como una herramienta en vez de cómo lo que es: un titular que resume lo irresumible. No es cierto que una buena historia tenga que hacer cambiar a los personajes, sino que las buenas historias tienen, en sí mismas, el cambio de estatus quo como base de su narrativa y que lo más normal es que ese cambio se articule mediante cambios en los propios personajes (que, de forma ideal, articulan la trama). Pero no hace falta. Hay grandísimas historias que se centran en personas que no cambian un carajo; lo que pasa es que no abundan. Porque no son “lo que hay que hacer”.

Lo que significa que Los del túnel es una pequeña joya.

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Dirigir la dirección: analizo la persecución del Halcón Milenario en El Despertar de la Fuerza

El Despertar de la Fuerza es una de esas películas que funciona como una montaña rusa.

Cuando digo “una de esas películas” me refiero a que hay una larga tradición en el cine, y particularmente en el cine americano de alto presupuesto, de ofrecer montañas rusas al espectador. Entendidas éstas como “experiencias”. Desde el primer Steven Spielberg hasta Piratas del Caribe (película literalmente inspirada en una montaña rusa real), esta tradición típica de Hollywood es tan vilipendiada por la crítica sesuda como esencial para el cinéfilo… dado que las películas que lo hacen bien son precisamente las que crean cinéfilos.

No hablo a la ligera cuando digo “vilipendiada”, porque las montañas rusas hollywoodienses son el comodín fácil para parecer más listo al hablar de cine. Hay incluso un ciclo: se empieza adorando a Spielberg, luego se le desprecia por vacuo o simple y, si se tiene suerte, se acaba entendiendo que hacer montañas rusas en condiciones es muy, muy difícil. No sólo por cuestión de presupuesto, sino porque la “set piece de acción” (eslabón principal de esta clase de obras) es algo que no todo el mundo puede dirigir como Dios manda.

J. J. Abrams sabe dirigirlas como Dios manda.

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El futuro de la comedia española está en el mono de los Chococrispis

El problema inherente a analizar cualquier forma de humor es que uno se ve obligado a explicar el chiste, y nadie quiere ser “el que explica el chiste”. He leído varios textos muy interesantes sobre la teoría subyacente a hacer coñas, y todos sufren por ello. El resultado es que se habla poco del humor y que, por tanto, solemos pensar que “gracioso” es algo que se es, y no algo que se crea.

Pero, ¿y si no pasara nada por explicar el chiste porque no hay chiste?

Que hay que currárselo más. Mucho más. Y que, por desgracia, a veces es directamente imposible. Fue lo que me ocurrió durante la pasada Nochebuena, cuando tuve la feliz idea de explicarle a mis sexagenarias madre y tía quién era él, el Chocu.

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Hablemos de líneas rojas y de la música audiovisual en Sherlock

NOTA: A la hora de publicar esto, NO he visto ni un episodio de la temporada 4 de Sherlock.

Este artículo no versa sobre lo gilipollas que es Steven Moffat.

Pero merece la pena señalarlo. Steven Moffat, showrunner de Sherlock, es un gilipollas. Si queréis averiguar por qué, aquí tenéis un artículo, y otro más, y hasta un Tumblr dedicado a la crónica de sus gilipolleces. Para los que no quieran leer: el buen hombre es un poquillo misógino, un poquillo homófobo y un poquillo cretino en general, y esto no sienta bien a mucha gente porque a mucha gente no le sientan bien los misóginos homófobos cretinos. ¿Qué por qué merece la pena señalarlo? Porque la discusión sobre la serie Sherlock está totalmente dominada por su problemática figura, hasta el punto de que no mencionarle en este artículo equivaldría a ser deliberadamente obtuso.

Y es una pena, porque Sherlock es una serie encomiable.

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Rogue One y el valor del genio limitado

Hablar de cine es dificilillo.

No porque el medio en sí mismo opere a niveles intelectualmente más elevados que, digamos, una novela o un cómic, sino porque las películas no tienen autor. No en el sentido estricto de “persona que ha hecho todo el trabajo”. Las películas son siempre (siempre, incluso si son cortos patateros hechos en primero de carrera) trabajos colaborativos en los que están implicadas muchas personas, todas ellas indispensables en mayor o menor medida y todas involucradas en la dirección de la obra. En sus intenciones artísticas.

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Pokémon y la masculinidad frágil

NOTA: Este artículo no tiene valor académico alguno.

Prólogo: el caso de Primarina

Buenos días. Yo, un hombre adulto al que le gustan los juegos de Pokémon, os traigo historias sobre hombres adultos a los que les gustan los juegos de Pokémon.

La primera de ellas es un cuento triste que tuvo lugar el mes pasado y que concierne a este cuco animalito de aquí:

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Esto es un Pokémon. Se llama Primarina. Está basado, como podéis ver, en una bonita sirena. Se trata de uno de los tres Pokémon que puedes escoger al inicio de la última entrega de esta serie, Pokémon Sol y Luna.

También tiene una probabilidad del 75% de ser macho, dado que los Pokémon tienen sexo y los desarrolladores del juego han determinado que tres cuartas partes de los Pokémon que se entreguen a los nuevos jugadores sean machos.

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¿De qué queremos hablar cuando hablamos del MCU?

Al final, lo único que quiero es potenciar lo que ya hay.

Tenemos una relación extraña con las películas de Marvel. Por un lado, hablamos de ellas hasta el aburrimiento (el que se queje de saturación de taquilla: tonterías. La saturación está en la prensa online y en la conversación nerd que crea su ansia de clicks). Por otro, las relegamos a una especie de gueto intelectual raro que las hace impermeables a cualquier tipo de análisis serio. Son planas y vacías por decreto, sin discusión posible; en realidad, el 99% de los blockbusters que no tengan por lo menos treinta años de antigüedad están en ese gueto. Son la plebe del cine: si se mantienen “en su lugar”, ningún problema. Pero parece que hay animadversión ante la idea de que se pueda hablar de ellos como algo más.

Pero no es así como funcionan las películas. Ni la ficción en general.

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La importancia de la premisa activa en Doctor Strange

“Aceptar una pérdida te da la fuerza para seguir adelante”.

Qué agradable sorpresa ha sido esta película.

Ojo, no esperaba una chusta. Antes del estreno, todo pintaba bien. Se trataba del proyecto soñado de Kevin Feige, productor jefe de Marvel Studios, y el director la estaba haciendo con evidentes ganas y entusiasmo. Cuando haces algo no porque quieras ganar pasta sino porque de verdad quieres, porque te sale de las pelotas, ese algo suele salir bien. Lo que no esperaba es una apuesta tan sólida por el contenido temático.

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La importancia de la premisa activa en Capitán América: Civil War

“No confiar en que el individuo hará lo correcto conduce a la ruina”.

Antes de ponerme con ésta debo recordaros que ya hablé de ella en otra parte. Concretamente, en este artículo, donde hice un breve estudio de los personajes de Steve y Tony en el transcurso del MCU y expliqué cómo el desarrollo de ambos convertía Civil War en algo orgánicamente inevitable. Este film es relevante porque estos dos personajes iban a acabar a hostias sí o sí. Es lo lógico, lo pretendido y lo que tiene sentido dramático, teniendo en cuenta todas las películas anteriores. Creo que Marvel Studios ha hecho un fantástico trabajo de desarrollo de personajes con estos dos (Tony Stark en concreto me parece un personaje riquísimo en matices), y ese texto lo explica tan bien que no lo voy a repetir aquí.

Lo importante es que ese desarrollo no es sólo importante para que este film funcione: es esencial, y si uno no está pendiente de ello (y no tiene por qué estarlo, puesto que implica verse seis películas antes que ésta) Civil War pierde muchísimo. Pero muchísimo. Y aquí reside tanto la grandeza como la debilidad de ejercicios como el del MCU.

Esto empieza a deducirse cuando uno se da cuenta de que la peor escena de toda la película es la pelea del aeropuerto.

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